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viernes, 10 de abril de 2026 | Última actualización: 12:35

¿Exterminar la civilización persa?

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Sin ánimo de simplificar lo que se ha convertido en uno de los problemas más complejos de la sociedad contemporánea, las guerras de Oriente Medio, conviene estudiar en panorámica los orígenes del conflicto.

El pueblo judío sufrió el holocausto mayor conocido en la historia: seis millones de hebreos fueron asesinados vilmente como consecuencia de los delirios hitlerianos. Para los supervivientes, la comunidad internacional buscó un hogar en que pudieran reconstruir su Estado.

Después de no pocas dudas se convino que se les ofreciera un espacio del territorio que habían ocupado veinte siglos antes y esta es la parte más problemática de la operación porque en veinte siglos todo ha cambiado mucho y nada está como estaba. Muchos Imperios desaparecieron y el mundo árabe ocupó casi toda la región.

Si aceptamos el modesto territorio que configuró el Estado de Israel - un territorio semejante al de la Comunidad Valenciana- deberemos recordar que desde 1948, año del nacimiento de Israel, los judíos allí asentados fueron objeto de no menos de ocho graves agresiones del mundo árabe, no dispuesto a aceptar la presencia en su territorio lo que consideraban un cuerpo extraño. Israel venció en cada ocasión ampliando el espacio que inicialmente se le había asignado para lograr una mayor seguridad en un entorno infinitamente más extenso y poblado en manos del mundo árabe.

Con el apoyo de los Estados Unidos, que para ellos Israel representa el estado 51 de la Union, consiguió ir neutralizando la actitud del entorno árabe. Países tan importantes como Egipto, Arabia Saudita, los Emiratos del Golfo, Marruecos, Jordania entre otros, establecieron relaciones diplomáticas con Tel Aviv permitiendo dibujar una esperanza de paz.

Quedaba sin embargo un enemigo irreductible que podría conllevar la desaparición de Israel. Se trata de Irán que particularmente desde la caída del Sha en 1979, y con la implantación de los Ayatolás, subvencionaron las agresiones desde Siria, desde Líbano -otro país víctima de la región - y desde Gaza por medio de Hezbolá y Hamas. Este último provoco una de las agresiones más sangrientas que el pueblo judío ha conocido desde el holocausto.

Israel es consciente de que, si Irán es capaz de acceder al arma nuclear, su supervivencia penderá de un hilo, de ahí que fuera capaz de convencer a los EEUU de que era indispensable derrotar a los Ayatolás y a los 125.000 miembros que componen la guardia revolucionaria, amenaza que Trump formuló de forma terrible diciendo que en una noche iba a exterminar una civilización milenaria, con cien millones de habitantes y millón y medio de kilómetros cuadrados.

Los ultimátums se suceden como consecuencia del extravagante talante del presidente Trump. El bloqueo del estrecho de Ormuz y las enormes consecuencias económicas en el mundo traerán aun muchos quebraderos de cabeza.

Acabar con una civilización es una idea descabellada, pero mantener intacta la amenaza iraní sobre Israel también lo es. La paz debe incluir la desnuclearización de Irán, la pacificación del régimen de los Ayatolás y su guardia. Y también Netanyahu y Trump deben rebajar su grado de agresividad que se manifiesta en esto días particularmente en el sufrido Líbano.