Es evidente que cuando se ocupa un cargo de gran responsabilidad y extrema visibilidad, como lo es el puesto de Director Adjunto Operativo (DAO) de la Policía Nacional, que hasta ayer ocupaba José Ángel González, lo fundamental, incluso más que su competencia, es mantener una línea de conducta ejemplar, evitando cualquier actitud que pudiera dar motivo al escándalo que tendría graves consecuencias sobre la institución que dirigía y también sobre toda España.
Pero la carne es flaca y si en un momento el DAO o cualquier otro personaje del mundo de la política o de la administración, se siente tentado por la aventura, es evidente que debería tomar todo tipo de precauciones para que el asunto no saltara a las portadas. La prudencia y discreción por ambas partes resulta esencial.
Siendo la autoridad la parte mas visible en el lío, es a la vez la más frágil y la que mas tiene que perder por lo que le conviene asegurarse de que la otra parte es muy estable y que incluso será capaz de resistir algún bandazo en la situación.
Normalmente la relación que por naturaleza es esporádica, suele quebrar ya sea por la diferencia de edad, por la perdida de curiosidad por cualquiera de ellos o por el mal trato una parte, hay que tener en cuenta que la relación no está basada en el amor sino en la curiosidad o en la impresión que el gran jefe pueda producir sobre una joven agente.
En el caso actual la inspectora/agente se cansó del personaje y quiso salir del embrollo. El se negó y surgió el desencuentro, con las grabaciones y el deseo de venganza, de hacer daño.
Pero el quid de la cuestión está en saber si esta relación era conocida por terceras personas o no lo era. Y en este sentido, es muy difícil que quede limitada a dos. Siempre hay filtraciones, en especial desde la parte menos interesada en la discreción y tiene menos que perder. En cuanto el asunto se filtra a un pequeño círculo del entorno, es casi como si lo supiese, en este caso, toda la policía o todo el Ministerio del Interior, en especial cuenta habida la reputación de este DAO, frecuentador de prostíbulos desde siempre y de trato poco respetuoso hacia las damas.
En tales condiciones surge la pregunta: ¿Llegó hasta el Ministro Marlaska la noticia antes de que estallará o no? Difícil de probar pero dado el grado de confianza entre ambos, es seguro que Marlaska conocía la personalidad de González y seguramente le habría llegado noticia del último flirteo al que no prestaría mayor atención porque al no haber trascendido, prefirió hacer la vista gorda.
Una vez se produjo el estallido el Ministro quiso cargar sobre la inspectora la responsabilidad sobre su dimisión. Lo puso en estos extraños términos: si ella no se había sentido suficientemente protegida por el Ministerio, en tal caso Marlaska dimitiría.
Pero, ¿cómo va una agente/inspectora a enfrentarse a todo el Ministerio después de haberlo hecho a casi toda la policía? No tendría ninguna lógica que lo hiciera con lo que ahí tenemos una vez más Marlaska para rato aunque por acción o por omisión sea responsable de lo que ha ocurrido.
El escándalo DAO está abriendo un sin fin de casos de agresión sexual en toda la administración que parecen no tener solución. No quiero cerrar la columna con un dicho popular grosero; recuerden tan solo que todos estos asuntos tienen difícil enmienda.





















