En la España de estos días no cabe duda que la principal cavilación la cristalizan las elecciones autonómicas que venimos celebrando en Extremadura, en Aragón en Castilla y león y las que tendrán lugar en Andalucía en el próximo junio.
Las tres elecciones celebradas recientemente han sido incontestablemente ganadas por el PP, aunque con distintos modelos de victoria. Teóricamente el caso mas sencillo para el PP fue el de Extremadura en que el candidato del PSOE era el fragilísimo Miguel Ángel Gallardo, tres veces presidente de la diputación de Badajoz y como tal profundamente envuelto en el caso de nepotismo del hermanísimo David Sánchez.
Gallardo no podía dejar de ser candidato del PSOE porque ello hubiera conllevado la acusación e interferencia en el caso de David Sánchez pero no tenia ninguna posibilidad de batir a la candidata Guardiola pese a ser , a su vez, la más frágil de los cuatro candidatos que compiten por el PP en otras tantas candidaturas regionales.
Consecuencia de ello es que a estas alturas, meses después de la celebración de elecciones, todavía no ha sido posible decidir quien gobernara en la región ya que las declaraciones de la señora Guardiola sobre Vox no facilitan el acuerdo entre los dos partidos de derechas, ganadores.
Los comicios de Aragón y los muy recientes de Castillo y Leon prueban que cuanto más alejado del sanchismo se encuentra el candidato del PSOE, mejores resultados alcanza en las urnas.
De esta forma la señora Alegría, ex Ministra de Educación y ex portavoz del Gobierno de Sánchez se vió claramente vapuleada por su oponente popular Jorge Azcón.
En Castilla y León, y conforme a la misma lógica el escasamente conocido a nivel nacional pero alcalde de Mombeltrán (900 habitantes), durante varios mandatos y buen conocedor de los problemas de la región aunque muy distanciado de las normas sanchistas, logró unos buenos resultados, ganando dos escaños y aniquilando a todo cuanto se movía a la izquierda del PSOE -Sumar, Podemos, IU…-
Si tal axioma resultara ser cierto, ls posibilidades de triunfo de la primera vicepresidenta del gobierno, María Jesús Montero, serían escasas y la victoria una vez más de Juanma Moreno, es cosa hecha. Y no digamos lo que ocurriría en el choque en Madrid entre la Sra. Ayuso y otro de los matones de Sánchez, el ministro Óscar López.
No debemos anticipar acontecimientos ya que por el momento lo único cierto es que los éxitos del PP no se han podido concretar aun porque su pacto con Vox no ha podido cristalizar.
Hemos criticado repetidamente la prioridad de Vox por rebasar al PP antes que de desalojar a Sánchez de La Moncloa. No voy a insistir en ello. Es, por lo demás lógico, que así razone Abascal. Si Vox perdiera la vocación de ser el primer partido de la derecha, no solo quedaría relegado eternamente a ser secundones sino que a corto plazo seguiría el trágico destino de Ciudadanos, Podemos y otras formaciones que están cerca de caer en el olvido.




























