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martes, 10 de febrero de 2026 | Última actualización: 13:54

Paso del ecuador

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Pedro Tejedo. Abogado.

El próximo miércoles se cumplirán dos años de la victoria, con mayoría absoluta incluida, del PP en las elecciones generales. Al llegar al ecuador de la legislatura parece necesario hacer un repaso a estos dos años de gobierno popular.

La principal característica del gobierno de Rajoy ha sido centrar toda su acción política en la economía, en la salida de la crisis económica, como si en España no existiera una crisis política previa que ha propiciado que la crisis económica se haya visto potenciada y que la salida de la misma sea más dificultosa. Si se quiere salir de la crisis económica lo primero es salir de la crisis política, pero Rajoy no está por la labor; su objetivo es salir de la crisis económica antes de noviembre de 2015 sin hacer frente a la crisis política y jugarse a esa carta una victoria electoral dentro de dos años.

En ese contexto, Rajoy, por presiones de Bruselas, por propia voluntad, y porque en cierto modo es necesario, ha centrado gran parte de su política económica en reducir el déficit, pretensión hasta la fecha fallida pues en 2012 el déficit, contando el rescate bancario, superó el 10% del P.I.B.

Muchas críticas se han centrado en el supuesto neoliberalismo económico del gobierno del PP. Vayamos a los datos: La primera medida económica del PP fue subir el IRPF, en concreto el tipo marginal para las rentas más altas se elevó al 52%. Con esa medida no es que superara al PSOE, es que superó a IU que propugnaba un tipo marginal del 50%. Meses después subió el IVA del 18% al 21%. A esas subidas habría que añadir el aumento de diversas tasas, la creación de otras como las judiciales de dudosa constitucionalidad, el aumento del IBI… En definitiva, que la política en materia impositiva del PP está en las antípodas del liberalismo económico.

Por eso desde algunas instancias se le ha achacado al PP que ha incumplido su programa, esta crítica sin duda acertada, y practicado una política socialdemócrata, esta última crítica menos certera. Vayamos de nuevo a los datos: recortes en servicios públicos básicos como educación, sanidad y dependencia y reforma de las pensiones, fuera del pacto de Toledo, en la que no se garantiza que los pensionistas mantengan su poder adquisitivo. Con esos datos difícilmente se puede considerar la política del PP en relación al estado del bienestar como socialdemócrata, más bien todo lo contrario.

Así pues, con datos objetivos en la mano, no es posible calificar la política llevada a cabo por el PP ni como liberal ni como socialdemócrata. ¿Cómo calificar entonces la actuación del gobierno? Probemos con el término impresentable, veamos si cuadra.

Hemos visto que para reducir el déficit el gobierno ha subido escandalosamente los impuestos y ha reducido servicios públicos básicos, medidas ambas que perjudican directamente a los ciudadanos. Pues fíjense que hay algo todavía peor, las medidas que no ha tomado, medidas que reducirían el déficit  al reducir el gasto público, pero que no afectarían a los servicios públicos básicos. Son medidas que parten de la premisa que aquí se defiende, esto es, que la crisis política impide tomar las medidas necesarias para salir de la crisis económica.

Lo primero que hubiera debido hacer el gobierno, y que deberá hacer el gobierno que salga de las próximas elecciones generales, es modificar el modelo territorial del Estado, hacer una distribución de competencias entre las diferentes administraciones más racional en términos económicos y políticos, aprovechando las economías de escala, recuperando la educación y la sanidad como competencias del Estado, medidas que propiciarían la reducción de la burocracia política. Hay estudios de la Fundación Progreso y Democracia que hablan de una reducción de 40.000 millones de euros anuales si se adoptaran esas medidas, cifra que nadie ha desmentido.

¿Por qué no se toman esas medidas? Porque esas medidas, que serían buenas para el conjunto de los ciudadanos, son muy malas para la partitocracia, para el actual establishment; su actual clientelismo desaparecería y sus numerosos centros de poder se verían reducidos a los imprescindibles y necesarios. Ese es el gran cáncer de la política española, que el PP y el PSOE hace mucho que dejaron de tener un carácter instrumental y se han convertido en un fin en sí mismo, de manera que cada vez con mayor frecuencia se produce un conflicto de intereses entre lo que interesa al conjunto de los ciudadanos y lo que les interesa al PPSOE. Si se hubieran tomado estas medidas de que hablamos, es posible que por sí solas no hubiesen solventado el problema del déficit, pero lo hubieran reducido considerablemente, logrando dos efectos esenciales: las medidas impositivas y de recortes hubiesen sido mucho menores y el gobierno hubiese tenido autoridad moral para imponerlas.

Así pues, y visto lo visto, parece que el término impresentable encaja como un guante para definir la actuación del gobierno hasta la fecha.