Enrique Domínguez. Economista.
Termina Cevisama y, prácticamente todos los medios de comunicación y muchas de las empresas que han expuesto, han señalado que se han cumplido los objetivos previstos: para los primeros, se ha mejorado el número de asistentes extranjeros y también de nacionales, y para las segundas, les han visitado los clientes esperados y algunos más, incrementándose, además, las ventas en feria.
Todo esto es relativo porque las empresas saben de la creciente pérdida de relevancia de las ferias en cuanto a volumen de negocio e, incluso, como medio de hacerse visible y de exponer sus productos y, sobre todo, de convencer al cliente potencial y conseguir vender y, lo primordial, cobrar en tiempo y forma.
Las ferias están cada vez más cuestionadas por la inversión que implican y los crecientes menores resultados que de ellas se obtienen; hay demasiadas y el cliente potencial quiere cada vez más una atención personalizada, atención que en una feria no se puede dar con la tranquilidad y precisión requerida. Por eso, los contactos tras la feria han de continuar y es entonces cuando realmente se puede llegar a formalizar una venta y, en su caso, conseguir un nuevo cliente.
También es relativa la mayor afluencia de compradores extranjeros; a pesar de abrir la feria un día antes, esos compradores se presentan en su mayor parte en los dos días centrales, miércoles y jueves. ¿Significa esa mayor afluencia unas perspectivas positivas para este año? Ojalá.
Aunque el sector está vendiendo a más de 180 países, sus principales clientes tienen problemas; es el caso del mercado ruso, el segundo en importancia, y de los países árabes, tradicionales receptores de la cerámica castellonense. En el mercado europeo, el francés tiene menos perspectivas de crecimiento, mientras el británico está al alza dada la marcha de la demanda de viviendas; las perspectivas globales, sin embargo, mejoran un tanto. El mercado norteamericano no es uniforme y tiene su idiosincrasia y el del norte de Africa como futuro es muy arriesgado. Y seguimos vendiendo por precio y a los segmentos medio y bajo, principalmente.
Se espera una mejoría del mercado nacional que supla las dificultades de incremento del internacional. También es relativo. Esa mejoría se basa en la implementación de normas que faciliten la rehabilitación de viviendas en España y que impulsen al ciudadano a llevarla a cabo. La realidad es que la clase media española está muy endeudada y pensar en gastar para rehabilitar una vivienda o reformar sus estancias no es algo que se pueda generalizar a corto plazo.
Se ha dicho que la innovación ha vuelto al sector cerámico porque este año, a diferencia de los dos anteriores, dos de las tres alfas de oro han sido para firmas cerámicas. Lo cierto es que la innovación siempre ha estado en el sector aunque no en las empresas de productos cerámicos sino, en gran medida y con honrosas excepciones, en su proveedor de fritas y esmaltes. Nuevos nichos de mercado, como los techos cerámicos, o nuevos usos de los formatos tradicionales demuestran el interés de algunas firmas en diferenciarse en un sector en el que para el profano (y cliente potencial) todo parece muy similar.
Y novedades detectadas por mí en esta feria: la solicitud de la tarjeta de empresa para acceder al estand e, incluso, la entrada al mismo, además, en visita guiada por el comercial. ¿Es buena forma para captar posibles clientes? Yo olvidé mis tarjetas en el guardarropa y no pude entrar.
Y la internacionalización del sector. También es relativa. Se vende a muchos países, a casi todos, pero se fabrica muy poco fuera de España. El sector está poco multilocalizado a diferencia del italiano. Y eso, con la creciente competencia de todos los países productores es un hándicap para una actividad cuyos productos se pueden fabricar en cualquier país y cuya última tecnología se la estamos vendiendo desde aquí.
La feria ha terminado. Ahora hay que salir a vender (con las máximas garantías de cobrar).



























