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jueves, 5 de febrero de 2026 | Última actualización: 22:13

De periodismo y periodistas

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Jorge Fuentes. Embajador de España.

Quisiera hacer hoy un homenaje a la hermosa profesión del periodismo, un oficio que requiere vocación, inteligencia, preparación y gran resistencia. Hay que distinguir entre los diletantes que colaboramos con la prensa cuando nos apetece y los verdaderos profesionales que deben estar día a día al pie del cañón, atentos a la noticia para destilarla hacia el público y servirla de la forma más veraz posible, comprometidos a llenar su columna diaria, participando a la vez en tertulias y debates.

Va por vosotros, Ximo Tirado y todos tus colaboradores en castelloninformacion.com, en otros diarios que han nacido y nacerán y en tus tertulias.

Y va también por todos los periodistas que he conocido a lo largo de mis más de 40 años de vida diplomática. Por supuesto son muchísimos los que no he tenido el placer de cruzar en el camino, pero son no pocos, españoles y extranjeros, los que pude tratar y con algunos de los cuales trabé una buena amistad. Me limitare aquí a mencionar los nacionales. Lamento que este pequeño homenaje ya no alcance con vida a algunos de ellos como Jesús Hermida a quien conocí en los años de Nueva York y que probablemente sea el periodista más popular de la segunda parte del siglo XX. También se fue Juan Roldán que me entrevistó numerosas veces para TVE durante el desarrollo de la CSCE en Madrid y a quien reencontré en Bruselas junto con su mujer Curri Valenzuela también periodista y famosa por su polémico libro ‘Cien personajes que hunden España’.

Marchó también Vicente Cebrián factótum que fue del diario franquista ‘Arriba’ y cuyo hijo Juan Luis hizo fortuna -y no poca- con PRISA y El País. Ambos eran parientes de quien fue mi embajador en Túnez, Guillermo Cebrián y en aquellas tierras magrebíes nos encontramos.

Y Carlos Mendo, corresponsal de El País en Washington y fundador del periódico junto con Manuel Fraga y otros muchos. Recuerdo los apasionados debates con Mendo sobre la caída de la URSS, que él consideraba prematura y desestabilizante.

Y Josefina Carabias, pionera de la prensa femenina y madre de dos mujeres singulares, Mercedes Rico, gran embajadora de España en Dublín y Roma, y Carmen Rico Godoy, cofundadora de Cambio 16 y novelista de éxito.
Juan Tomás de Salas y Fernando Jáuregui me abrieron las puertas de Cambio y de Diario/16 en que atendí una frecuente columna. Como lo hice, aunque menos asidua, en casi todos los periódicos del momento -Ya, El Independiente- y de ayer y hoy -ABC, El País, El Mundo-.

He perdido la pista de algunos amigos, como un tal Elorriaga, un vasco que se había refugiado en Belgrado en los años 70, como prófugo de la mili. Normalicé su situación militar y llegó a ser corresponsal para los Balcanes de RNE y El País.

Conocí a Pilar Urbano cuando era jovencísima. Valenciana, hija de un coronel del ejército, había escrito una obra de teatro sobre una familia desarticulada, muy al estilo del autor de moda en el momento, Eugene O'Neill. Eran los años sesenta, yo dirigía un grupo de teatro en Valencia y planeamos montar su obra pero finalmente el proyecto no funcionó. Cuando volvimos a encontrarnos años más tarde, ella era ya una periodista conocida y yo un debutante secretario de embajada.

Victoria Prego es cuñada de un apreciado amigo y colaborador mío en los tiempos de Washington y allí nos conocimos. Su libro sobre la transición y su serial televisivo sobre el mismo tema la convirtieron en un icono político en los 70 y 80.

A Hermann Terstch lo he encontrado en numerosas ocasiones en Centroeuropa y en los Balcanes, zonas en las que yo he pasado lustros de mi carrera y que él visitaba con frecuencia. Recuerdo haberle invitado a almorzar en lo alto de un monte en las afueras de Zagreb y hasta donde llegamos conduciendo (yo) en dirección prohibida ante el horror de quienes cruzábamos. Resulta que desde aquel mismo día habían cambiado las direcciones y solo se podía subir por un lado de la montaña y bajar por el otro. Sobrevivimos.

Ramón Pérez Maura, Director adjunto de ABC se desplazó a Bulgaria a raíz del primer regreso del Rey Simeón, cuando yo era Embajador en aquel país y juntos vivimos el histórico momento.

Andrés Garrigo, aparte de ser corresponsal de ABC en Bruselas, fundó en aquella ciudad una revista -El Sol- muy popular entre la numerosa colonia española en la ciudad. Me dedicó mucha atención durante mis años como embajador allí y Garrigo me tomó un poco el pelo con un artículo a mi dedicado bajo el título ‘El embajador que más pinta en Bélgica’. Destacar entre los más de 300 embajadores destinados en Bruselas no era fácil, pero quizá yo era el único que practicaba la pintura. No era el que más sino quizá el único que pintaba en Bruselas.

Conocí a Rosa Maria Calaf, a José Luis Ayllón, a Pilar Cernuda, a Felipe Sahagún. También a Cereceda, un corresponsal de guerra y reportero, muerto prematuramente pero a quien recordamos por el premio que lleva su nombre y que reconoce al mejor reportero de cada año.

Podría citar a tantísimos otros profesionales que acompañaban a los Reyes, a los Presidentes o a los Ministros en los viajes que éstos hacían a los lugares en que yo me encontraba destinado. Eran tantos y tan jóvenes que no logro identificarlos a todos pero estoy seguro que muchos de ellos deben ser hoy famosos (quizá entre ellos estaban Carlos Herrera, Losantos, Gabilondo, Cuesta, Luis Herrero, Antonio Jiménez, Expósito) y deben completar la lista de mis recuerdos difusos de un grupo profesional muy vinculado al mío.

José María Carrascal y Jorge Fuentes en Nueva York en el año 1981.Pero si un nombre, uno solo, tuviera que destacar de entre todos mis conocidos en el mundo de la prensa, ese sería el de José Maria Carrascal, gran periodista, escritor y presentador de televisión. Recuerden sus famosas corbatas en el programa de medianoche que condujo durante años en Antena 3. Parecía salido de una cadena norteamericana, país en que él -y yo- pasamos muchos años.

Nos conocimos en Nueva York cuando él era corresponsal de ABC y yo pasaba años de mi carrera en la ONU. Carrascal había ganado ya por entonces el premio Nadal por su novela ‘Groovy’, ambientada en el Greenwich Village neoyorquino y que refleja sabiamente el mundo por entonces naciente de los hippies.

Nos contábamos cuanto podíamos de los entresijos de Naciones Unidas y tuvo la amabilidad de hacer una crítica muy favorable de uno de mis primeros libros, ‘La línea de la distensión’, aparecido en aquellos años.

En la foto que ilustra esta columna, tomada durante una recepción en nuestro piso de la Tercera Avenida manhattaniana aparecemos Carrascal y yo hace 35 años. En primer término, sentada, se encuentra la entonces marquesa del Viso (más tarde duquesa de San Carlos) y en el fondo, dos retratos, de mi mujer y mío, pintados por el gran artista burrianense Vicente Traver Calzada.

Carrascal sigue siendo hoy un gran maestro en la profesión. Sus columnas y sus ‘terceras’ en ABC constituyen una verdadera lección de periodismo por su equilibrio, su sentido de la oportunidad y su profundidad. A sus ochentaytantos, Carrascal y su encantadora esposa alemana, están en plena forma y comparten sus días entre su piso en la Ciudad de los Periodistas madrileño y el del Sutton Place neoyorquino. En ambos pasamos inolvidables horas hablando de diplomacia y de periodismo.