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martes, 3 de febrero de 2026 | Última actualización: 15:16

Benicàssim no puede seguir aparcando el problema

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Hay problemas que, por repetidos, acaban normalizándose. En Benicàssim, la falta crónica de aparcamiento es uno de ellos. Año tras año, vecinos, comerciantes y visitantes padecen las mismas escenas: tráfico colapsado, coches dando vueltas sin rumbo, estacionamientos indebidos y una creciente sensación de desorden urbano. Y, sin embargo, la solución sigue aplazándose.

Con más de 20.000 habitantes empadronados y más de 15.000 vehículos censados en nuestro municipio, cifras que se multiplican durante la temporada turística y los grandes eventos, el municipio dispone de apenas entre 2.400 y 3.100 plazas gratuitas en superficie, muchas de ellas saturadas o mal ubicadas. El resultado es un sistema ineficiente que penaliza la movilidad, daña la convivencia vecinal y perjudica al comercio local.

No se trata solo de una cuestión de comodidad. Es un problema estructural que afecta directamente a la calidad de vida, a la sostenibilidad ambiental y a la imagen turística de Benicàssim. Cada minuto perdido buscando aparcamiento es tiempo robado a las familias, a los negocios y al disfrute del espacio público. Cada coche dando vueltas innecesarias es más contaminación, más ruido y más estrés colectivo.

La legislación es clara: las administraciones locales tienen la obligación de garantizar dotaciones suficientes de aparcamiento y, cuando el suelo es limitado, apostar por soluciones en altura. No es una opción política, es un deber institucional. Y, sin embargo, Benicàssim continúa sin una respuesta estructural a un problema que ya es histórico.

La construcción de un parking en altura con capacidad mínima para 400 plazas es una solución viable, realista y plenamente ajustada al marco legal. Permitiría descongestionar el centro urbano, aliviar la presión en las zonas de playa, dinamizar el comercio y avanzar hacia un modelo de movilidad más ordenado y sostenible. Además, su diseño podría incorporar criterios de eficiencia energética, integración urbana y recarga eléctrica, alineándose con los objetivos de transición ecológica.

Lo que falta no es normativa, ni estudios, ni alternativas técnicas. Lo que falta es voluntad política para asumir decisiones valientes. Mientras tanto, se sigue gobernando a base de parches temporales, improvisaciones y medidas insuficientes que no atacan la raíz del problema.

Benicàssim no puede aspirar a ser un referente turístico y cultural sin resolver primero sus carencias básicas. No se puede atraer a miles de visitantes sin ofrecer infraestructuras acordes. No se puede pedir paciencia infinita a los vecinos sin ofrecer soluciones reales.

Ha llegado el momento de dejar de posponer lo inevitable. Planificar, decidir y ejecutar. Porque un parking en altura no es un capricho: es una necesidad urgente. Y porque Benicàssim merece una movilidad digna del municipio moderno, sostenible y acogedor que dice querer ser.