En Benicàssim vivimos en un paraíso de luz, mar y actividad constante. Pero detrás de esta postal perfecta hay una realidad que no podemos seguir ignorando: la prevención salva vidas. Y en un municipio con más de 20.000 personas empadronadas —que en temporada alta se multiplican por tres— resulta incomprensible que nuestra red de desfibriladores externos automáticos (DEA) no sea aún un ejemplo de accesibilidad, información y disponibilidad.
Cada minuto que tarda un desfibrilador en llegar a una persona que sufre una parada cardiorrespiratoria, sus posibilidades de sobrevivir disminuyen drásticamente. No es una opinión: es un hecho médico contundente. Y por eso resulta preocupante que, a día de hoy, muchos vecinos no sepan dónde están ubicados los DEA, en qué horarios pueden acceder a ellos o si realmente son suficientes para cubrir todo el término municipal.
La información es poder… y vida
La falta de divulgación sobre los puntos donde se sitúan los DEA convierte un recurso vital en una herramienta parcialmente inútil. ¿De qué sirve tenerlos si la ciudadanía desconoce su localización? ¿Cómo pueden actuar los primeros intervinientes —a menudo ciudadanos que presencian una emergencia— si no existe un mapa claro, actualizado y visible de estos dispositivos?
Accesibilidad: una deuda pendiente
No basta con instalar desfibriladores: deben ser accesibles 24/7, estar bien señalizados y colocados en zonas estratégicas. Las zonas deportivas, los paseos marítimos, los barrios más alejados del centro o los espacios con alta concentración de personas deben contar con dispositivos a distancias razonables.
Hoy, esa distribución es mejorable, y eso equivale a aumentar riesgos que son perfectamente evitables.
Una oportunidad para convertir Benicàssim en un municipio cardio protegido
Ampliar la red de desfibriladores no es solo una necesidad sanitaria: es una oportunidad de crecimiento, imagen y responsabilidad social.
Los beneficios de un municipio cardio protegido son claros:
- Mayor seguridad para vecinos y visitantes.
- Reducción del tiempo de respuesta ante emergencias.
- Creación de una cultura de prevención y formación ciudadana.
- Atracción de turismo deportivo, un sector que valora especialmente este tipo de infraestructuras.
- Refuerzo de la reputación de Benicàssim como municipio responsable, moderno y comprometido con la salud pública.
Además, una red completa de desfibriladores puede integrarse con aplicaciones móviles que indiquen en tiempo real la ubicación exacta del DEA más cercano, si está disponible, y rutas rápidas para llegar a él. Innovación y salud pueden ir de la mano.
No es un lujo: es una obligación moral
Benicàssim tiene recursos, instalaciones, visitantes y una población que merece un entorno seguro. No podemos seguir dependiendo de la suerte o de la rapidez improvisada ante un episodio mortal. Cada segundo cuenta, y es responsabilidad del equipo de gobierno garantizar que esos segundos juegan a favor de la vida.
Instalar más desfibriladores, mejorar su distribución, asegurar su accesibilidad y divulgar su existencia no es un gasto: es una inversión en vidas humanas. Y pocas inversiones generan un retorno tan evidente.
Benicàssim debe dar un paso al frente. No cuando sea tarde, sino ahora.
Benicàssim no puede seguir jugándose la vida: urge una red real, visible y suficiente de desfibriladores
En Benicàssim hablamos mucho de bienestar, de calidad de vida, de ser un municipio moderno, turístico y preparado para acoger a miles de visitantes cada año. Pero hay una verdad incómoda que seguimos dejando en segundo plano: cuando alguien sufre una parada cardiorrespiratoria, lo único que marca la diferencia entre la vida y la muerte es la rapidez con la que actuamos. Y esa rapidez depende, en buena parte, de contar con desfibriladores externos automáticos (DEA) visibles, accesibles y repartidos de forma lógica por todo el término municipal. Hoy, Benicàssim no puede presumir de eso.
Una ciudad de 20.000 habitantes no puede conformarse con “lo que hay”
El municipio cuenta con algunos desfibriladores instalados en dependencias públicas. Pero aquí está el problema: ¿Sabe usted dónde están? ¿Conoce sus horarios?
¿Sabe si están disponibles las 24 horas o dependen de que un edificio municipal esté abierto? Lo más probable es que no. Y si la respuesta es no, el sistema está fallando, porque un desfibrilador que no se conoce o no es accesible es, en la práctica, un desfibrilador inútil.
Resulta casi grotesco que en pleno 2025, en una localidad que presume de estar a la vanguardia cultural y turística, los vecinos no dispongan de un mapa claro, público y actualizado de los puntos cardio protegidos. Lo más indignante es que la solución es simple: informar, señalizar y difundir. Pero ni eso se está haciendo con la contundencia o el rigor que exige una cuestión literalmente vital.
Mientras otros municipios avanzan, Benicàssim se queda atrás
Numerosas localidades españolas llevan años construyendo auténticas redes públicas de desfibriladores, conectadas, visibles y accesibles las 24 horas. En Benicàssim, en cambio, llevamos años instalando dispositivos sin un plan integral, sin una estrategia territorial clara y sin una campaña sólida que explique a la ciudadanía cómo actuar en una emergencia.
El resultado es obvio: una red insuficiente, descoordinada y desconocida. Y cuando hablamos de emergencias cardiacas, la improvisación no es una opción.
La ratio recomendada para municipios de más de 20.000 habitantes tampoco se cumple
Diversas guías técnicas señalan que las localidades de más de 20.000 habitantes deberían contar con un número suficiente de DEA para garantizar que cualquier ciudadano pueda acceder a uno en pocos minutos. Benicàssim no solo tiene 20.000 habitantes censados: multiplica su población de forma masiva en temporada alta, lo cual debería obligar a tener una red incluso más amplia y mejor distribuida que otros municipios.
¿Se ha revisado alguna vez si la ratio actual es suficiente? ¿Se ha redactado algún informe técnico a fondo? ¿Se ha evaluado la distribución geográfica con criterios de densidad, afluencia y riesgo?
Las respuestas, de nuevo, apuntan a un preocupante vacío.
No es solo una cuestión de salud: es una cuestión de responsabilidad política
Porque cuando un gobierno local instala desfibriladores sin garantizar su accesibilidad, sin difundir su ubicación y sin comprobar que su número es suficiente, está comprometiendo la seguridad de su población. Así de simple. Y cuando ocurre una emergencia —que tarde o temprano ocurre— no sirven las excusas, las promesas ni los titulares vacíos: lo único que importa es el tiempo perdido. Y ese tiempo se pierde ahora, por falta de voluntad, de planificación o de interés.
Los desfibriladores no son coste: son inversión, seguridad y reputación
Una red de DEA no solo salva vidas. Genera:
- Confianza ciudadana.
- Mayor seguridad en zonas deportivas, escolares, turísticas y de ocio.
- Un atractivo añadido para el turismo deportivo y familiar.
- Un municipio mejor preparado para grandes eventos.
- Una imagen moderna, responsable y europea.
Benicàssim, que presume de ser referente turístico, cultural y deportivo, debería ser igualmente referente en cardio protección. Pero estamos lejos de serlo.
¿Qué necesita Benicàssim? Todo lo que aún no se ha hecho
Un municipio de nuestro tamaño y actividad requiere:
- Un mapa público, visible y difundido por todos los canales municipales.
- Información clara sobre qué hacer en una emergencia, porque no basta con tener un DEA: la ciudadanía debe saber cómo actuar mientras llega una ambulancia.
- Un listado de horarios, especificando cuáles son verdaderamente accesibles 24/7.
- Un informe técnico serio, que evalúe si la ratio de desfibriladores es adecuada para la población real —residente y estacional—.
- Más desfibriladores, si, como es previsible, el informe demuestra lo evidente: que no tenemos suficientes.
- Convenios con empresas y comercios, porque la salud pública se construye entre todos.
- Un mantenimiento riguroso y revisiones anuales, para que ningún DEA falle cuando se necesite.
Nada de esto es imposible. Nada de esto es caro. Nada de esto excusa seguir sin hacerlo.
La ciudadanía merece un municipio cardio protegido. No mañana: hoy.
Benicàssim tiene la oportunidad —y la obligación— de ponerse al nivel de los municipios que sí han entendido que proteger la vida es una prioridad política y ética. Cada paso que no se da es un riesgo innecesario. Cada minuto que pasa sin mejorar la red de desfibriladores es un minuto perdido para quienes, en una emergencia, no tendrán minutos de sobra.
Porque cuando hablamos de paradas cardiacas, hay algo que todos deberíamos tener muy claro: no se trata de estadísticas, se trata de vidas. Y las vidas no admiten excusas.





















