Al cabo de doce meses, el gobierno municipal intenta demostrar que 'el cambio' ya es real.
Esperanza Molina/Castellón Información
El pasado domingo, 12 de junio, se cumplía un año de la toma de posesión del nuevo equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Castellón, sustentado sobre el pacto de El Grao.
Un gobierno en minoría, bicolor, PSOE-Compromís, aupado con los cuatro votos de Castelló en Moviment, sobre la mayoría insuficiente del Partido Popular, y con la presencia en la oposición de Ciudadanos.
Ríos de tinta han corrido desde entonces, y previsiones de todo tipo. El nuevo Ayuntamiento vive su ‘año de amor’ sobre pactos y acuerdos, con bienes compartidos y gananciales. Pero desde entonces, también, con la posibilidad de la amenaza de divorcio, y guerra sobre la patria potestad de las decisiones, aciertos y desencuentros.
Por primera vez en la historia de Castellón, la ciudad tiene alcaldesa, Amparo Marco, del PSOE. Es la tercera legislatura con nombre socialista en el sillón de mando. La vicepresidencia está en manos de Compromís, que participa por tercera legislatura (hasta ahora de forma incompleta) en el gobierno de la ciudad; la primera fue con la participación de Toni Porcar en el Gobierno de Daniel Gozalbo; la segunda, con la participación de Enric Nomdedeu, en el de Gimeno; y ahora, a la tercera va la vencida.
Por primera vez también, en la historia de Castellón, la izquierda más izquierda, manda pero no gobierna, gracias a los cuatro escaños de los afines a Podemos, fundamentales para mantener la estabilidad del gobierno popular.
Y por primera vez, desde el año 1991, el Partido Popular, vuelve a la oposición de la que ya formara parte en las tres legislaturas iniciales de los ayuntamientos democráticos.
La era de los cambios
Con un poco de memoria histórica, (ya por las hemerotecas o por los años), cada relevo al frente del Ayuntamiento ha sido definido como la era del cambio. Lo fue, cuando el primer alcalde democrático, el socialista Antonio Tirado, se proclamó alcalde de Castellón, por mayoría, en una legislatura de muchos colores. La democracia llegó a la institución municipal, y tuvo que enfrentarse a la necesidad de reconstruir una ciudad que adolecía de carencias históricas, como los barrios periféricos; y necesitaba más que un lavado de cara; con unas infraestructuras insuficientes, un Plan General anulado por el Tribunal Supremo, y un casco urbano en que hubo que coser y colmatar, además de crear nuevos espacios sociales. A Tirado se le conoció como el alcalde de las plazas.
Tras dos legislaturas, la segunda de ellas con mayoría absoluta, tomó el relevo Daniel Gozalbo. La falta de mayoría absoluta le llevó, al cabo de un año, a pactar la estabilidad con el CDS. También fue un ayuntamiento de colores, en el que las votaciones secretas pusieron al pie de los caballos a un alcalde enamorado de Castellón, que solo pudo concluir dos de sus miles proyectos: el Planetario (largamente olvidado después por el PP), y la remodelación del cementerio, para integrar en él, de la forma más democráticas, a los ‘olvidados’ de la zona ‘agregada’. El derribo de aquel muro fue un hito histórico para muchas familias de Castellón, el final de una cuenta pendiente que llevaba la democracia también a la redención y al olvido. También se creó el crematorio, y pese a lo que pretendía el Ministerio y la Generalitat, se acordó desviar la N-340 por el oeste del término municipal.
A partir de 1991, y por apenas ‘un puñado de votos’, el Partido Popular se alzó con la mayoría absoluta. Un Ayuntamiento bicolor, en el que gobierno y oposición solo estaban distanciados por un concejal.
También aquel se vendió como el Gobierno del Cambio, y como tal, Castellón descubrió que había más proyectos, otras formas de gobernar, logros por conseguir, y proyectos históricos que durante más de dos décadas modificaron Castellón de arriba abajo, de este a oeste y de norte a sur. Desvío de la N-340, enterramiento de la vía férrea; cubrimiento y encauzamiento del Río Seco; integración de los barrios periféricos, rondas de Castellón, nuevo acceso al Puerto… y Tram.
El cambio del cambio, en femenino
El año de gobierno de la alcaldesa, Amparo Marco, se ha convertido en un intento, no siempre logrado, de demostrar que la izquierda puede gobernar mejor para los ciudadanos que la derecha. Y no siempre logrado, porque después de tantos años en la oposición, se corre el riesgo de seguir haciendo oposición en el Gobierno, mientras que la oposición, debe aprender, a su vez, a dejar de ‘gobernar’ y asumir su nuevo papel.
Decir que Amparo Marco lo ha tenido fácil, es francamente irreal. Posiblemente no haya habido ‘sangre’ (quizá solo en sentido figurado), pero seguramente si dolor y lágrimas. El suyo vuelve a ser el gobierno del cambio, pero en un momento en el que transigir con iniciativas de Castelló en Moviment, puede ser realmente complejo e incluso, desagradable, cuando la laicidad municipal se lleva al extremo en acontecimientos como la Romería de las Cañas, o cuando se ha visto en la necesidad de no poder bajar los impuestos, porque su ‘socio’ que no gobierna, no apoyó sus iniciativas económicas.
Un año es poco tiempo para que el gobierno del cambio de PSOE y Compromís, pueda demostrar de lo que puede ser capaz, sobre todo, cuando tiene que caminar con palos en las ruedas (de propios y extraños).
Pese a todo, la ciudad evoluciona, avanza, y tiene por delante demasiados temas pendientes: el Plan General, la problemática de la Marjalería, las conexiones urbanas e interurbanas, la movilidad, la inserción social, la problemática de la vivienda para los más desfavorecidos, las ayudas sociales… por no hablar de grandes infraestructuras como el Ave, corredor Mediterráneo, ect…
¡Ojo!, y las elecciones del 26J son nacionales… no locales.







































