Benicàssim es un municipio dinámico, luminoso y lleno de oportunidades. Sin embargo, entre sus calles, institutos y espacios de ocio resuena una preocupación compartida el consumo de drogas entre adolescentes y jóvenes, una realidad que exige una respuesta municipal seria, rigurosa y bien organizada.
Durante los últimos años, familias, docentes, jóvenes y entidades locales han coincidido en una misma idea: no basta con reconocer el problema, hay que prevenirlo. De ahí la importancia de la propuesta de moción que he presentada recientemente a los portavoces de los grupos políticos del Ayuntamiento de Benicàssim para que desarrollen, si así los estiman conveniente y adecuado, un Programa Municipal de Prevención de Drogodependencias en la Adolescencia y Juventud temprana. Y actuar no significa alarmar, sino planificar; no señalar, sino acompañar; no improvisar, sino dotarse de herramientas.
Los ediles de Benicàssim tienen ahora la oportunidad de demostrar que la protección de nuestros adolescentes y jóvenes es una prioridad. La legislación autonómica y estatal reconoce al municipio un papel clave en la salud pública, y Benicàssim no puede quedarse atrás. Un plan preventivo sólido, estable y basado en evidencias no es un lujo: es una necesidad.
Lo que muchos benicenses y residentes desconocen es que este paso no solo es oportuno, sino también coherente con el marco normativo autonómico vigente, que respalda plenamente la creación de programas preventivos a nivel local.
La Ley 10/2014, de la Comunitat Valenciana, de Salud, aborda de forma directa las conductas adictivas y reconoce el papel de los municipios en la planificación de acciones preventivas. A ello se suma el III Plan Estratégico de Drogodependencias y otros Trastornos Adictivos de la Comunitat Valenciana, así como el Plan Valenciano de Salud Mental y Adicciones 2024-2027, que dedica un apartado específico a la prevención comunitaria con intervención directa en ciudades como Benicàssim.
Además, el trabajo de las Unidades de Prevención Comunitaria de Conductas Adictivas (UPCCA) —reguladas por el Decreto 132/2010 y reforzadas por los criterios de calidad del Decreto 89/2018— ofrece a los municipios un soporte técnico y estructural clave para diseñar actuaciones basadas en evidencia.
Es decir: Benicàssim no empieza de cero. El marco autonómico no solo permite, sino que anima a los ayuntamientos a diseñar sus propios programas preventivos, alineados con la estrategia valenciana en salud pública.
Pero la legislación —por sólida que sea— no sustituye lo esencial: la implicación de nuestra comunidad. Las asociaciones de padres y madres son fundamentales para comprender la realidad de los hogares, detectar señales y acompañar a sus hijos. Y los adolescentes, a menudo los grandes ausentes en estos procesos, deben participar activamente en el diseño de actividades, campañas y alternativas de ocio saludables. No podemos construir un plan para ellos sin contar con ellos.
Nuestros adolescentes y jóvenes merecen crecer en ambientes sanos, activos y seguros. Merecen alternativas de ocio que les motiven, espacios donde encontrarse sin riesgos y un acompañamiento educativo que les ayude a tomar decisiones informadas. Esto no es una cuestión ideológica: es un compromiso moral.
El Pleno del Ayuntamiento tiene en sus manos abrir ese camino. La ciudadanía ya ha hablado. Ahora le toca al municipio dar un paso valiente y responsable. Benicàssim debe apostar por su futuro, porque ese futuro tiene nombre, rostro y edad: la de nuestros adolescentes y jóvenes.



















