Rafa Cerdá Torres. Abogado.
Desde los ya lejanos tiempos universitarios, tengo el honor de compartir amistad con una tan brava como inteligente mujer, María Ventura, con quien desde posturas políticas muy alejadas jamás he dejado de aprender de la fortaleza de sus argumentos y el coraje que demuestra en su defensa. Aparte de la poner a prueba mi capacidad de contra argumentar sus postulados, la buena de María ha sido la primera en comunicarme los grandes acontecimientos ocurridos estos últimos años: ella me anunció la abdicación del Rey Juan Carlos unos minutos antes que se hiciera pública, sus dotes para anticipar resultados electorales son propios de experta en sociología política y el viernes por la parte acabó de rematar mi fe en su buen juicio.
Bastó un simple mensaje al móvil para ponerme sobre aviso que el Presidente Rajoy iba a dar una campanada: su no aceptación del encargo recibido de manos del Rey Felipe VI en aras a someterse al procedimiento de investidura frente al Congreso de los Diputados. La noticia me dejó sin capacidad de articular ninguna opinión por ser totalmente inesperada. Tampoco podía acudir a confrontarla con nadie ya que todo el mundo en Castellón disfrutaba del Día de las Paellas en Benicàssim, la ornada festiva por excelencia de las fiestas de la cercana localidad costera.
A partir de ahí se abrió toda una serie de interpretaciones y teorías por parte de los periodistas y sabios de guardia, de todo género y condición. Por el grado de enfado que destiló el portavoz del Partido Socialista, la retirada de Rajoy debió pillarles con el pie cambiado, mientras que el señor Pablo Iglesias permutó la denominación de su formación ‘Podemos’ por la de ‘Queremos’, recitando en una rueda de prensa los cargos ministeriales a exigir para poder hablar de un futuro Gobierno conjunto con los socialistas. Una jugada del señor Iglesias que anticipa un escenario ya pactado en secreto con el líder socialista Pedro Sánchez, o una muestra de su innata soberbia. El tiempo lo dirá.
Mi buena amiga María remató su comunicación con un interesante refrán: "Ojalá vivas tiempos interesantes", y tiene toda la razón. La frenética actualidad es la oportunidad perfecta para que la clase política ofrezca una lección de sensatez, acordando las reformas constitucionales necesarias bajo un gobierno conjunto de las principales fuerzas políticas; o por el contrario se enzarcen en una lucha cainita con el único objetivo de tocar poder mediante equilibrios y alianzas de nula consistencia. Estamos a un paso de escribir una nueva hoja de la Historia con un relato de sensatez y cordura, o bien nos deslizaremos hacia el mayor de los ridículos.
Echando un vistazo a Twitter, me topé con dos frases que resumen perfectamente el carácter nacional tras el pasado atrás dado por Rajoy: el genial Carlos Alsina ironizaba sobre la pléyade de listos que ‘sabían’ perfectamente la decisión de Rajoy: "Recién iniciado el tiempo de "ya lo decía yo"...junto a una segunda de un avispado votante que aludía a las interpretaciones forzadas que ciertos partidos hacen de la Constitución: "Todo el mundo inventando normas constitucionales que no existen"...
Mi pobre pronóstico peca de ingenuo ya de entrada, espero que todos estos paripés desemboquen en la Gran Coalición que nuestro país necesita, y la situación requiere: los cambios constitucionales sólo se pueden abordar desde las mayorías que el Partido Popular, Ciudadanos y el Partido Socialista Obrero Español reúnen, duela a quien duela y moleste a quien moleste. Pretender eludir este punto implica algo más grave que conculcar las normas que la constitución ha previsto: supone inventar la aplicación arbitraria y partidista de la Constitución. Esta posibilidad no es sólo una política inadecuada: es sencillamente suicida.
Tiempos interesantes lo que vivimos. Ojalá también sean fructíferos.
























