La calle Alloza pierde otro comercio emblemático: "El panorama es muy negro"

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La propietaria de Incontro 105 lamenta la falta de relevo generacional, las dificultades de acceso al centro y la pérdida de peso del comercio de proximidad frente la hostelería

El centro de Castelló sigue perdiendo algunos de los comercios que durante décadas han dado vida a sus calles. En los últimos años se han sucedido los cierres de negocios históricos que, tras toda una vida de actividad, se han visto obligados a bajar la persiana por la jubilación de sus propietarios y la falta de relevo generacional. Una situación que refleja las dificultades que atraviesa el comercio de proximidad, cada vez más presionado por los cambios en los hábitos de consumo, la competencia de las grandes superficies y el auge de las compras por internet.

Y uno de los últimos cierres llega ahora a la que fue ‘la milla de oro’. La calle Alloza despide otro emblemático comercio, ‘engordando’ el catálogo de locales y bajos con carteles de ‘Se vende’, ‘Se alquila’ o ‘Se traspasa’. Se trata de la zapatería Incontro 105, un negocio que ha anunciado su cierre definitivo tras 22 años de actividad y cuyo ‘adiós’ vuelve a poner sobre la mesa las preocupaciones de muchos comerciantes sobre el futuro del sector.

Así lo ha revelado su propietaria, María Ángeles García Benages, quien afronta la jubilación con sentimientos encontrados al no haber encontrado una continuidad para el establecimiento. “No tengo relevo generacional. Se traspasa y ayudaría a la persona interesada en todo lo que necesite, pero veo difícil ese traspaso porque el panorama para el comercio es muy negro. Dar continuidad al negocio está complicado porque invertir, tal y como está el comercio, está difícil”, explica.

Menos tiendas, más bares y restaurantes

La comerciante asegura que la situación del pequeño comercio se ha ido complicando progresivamente y considera que cada vez es más difícil emprender o mantener un negocio de estas características. “El futuro lo veo negro, ya que todo se está centrando en la hostelería”, afirma.

Y es que cada año aumentan los negocios de restauración mientras disminuye el número de tiendas tradicionales. Un cambio que, tal y como asegura María Ángeles, que lleva casi medio siglo dedicada al comercio de proximidad, ‘vacía’ de vida las calles de una ciudad y ‘empobrece’ los centros urbanos. “Una ciudad sin comercio es una ciudad muerta”, sentencia.

En este sentido, la propietaria revela que este “es el primer año que he cerrado los sábados por la tarde en invierno porque perdíamos el tiempo. Antes tenías un montón de trabajo y ahora es un día nefasto. Ahora hay mucho tardeo; han cambiado los hábitos”, añade.

La dificultad para acceder al centro y el precio de los parkings

Entre los factores que, a su juicio, han contribuido al cierre de muchos negocios destaca la dificultad de acceso al centro de la ciudad, especialmente para quienes llegan desde municipios cercanos. Según explica, una parte importante de su clientela procedía de pueblos cercanos a Castelló, pero muchos de esos compradores han dejado de acudir debido a las complicaciones para entrar en coche al centro. “Tienes que hacer una excursión hasta el parking, por lo que la gente se va a los centros comerciales”, lamenta.

Además, critica el elevado coste de los aparcamientos del centro y plantea posibles soluciones para incentivar las compras en la zona. “Si te cuesta toda una tarde 12 euros, la gente no va a venir”, asegura. Por ello, anima al Ayuntamiento a conveniar con los aparcamientos para ofrecer tarifas reducidas que favorezcan la llegada de clientes.

Los bonos comerciales y las actividades de ocio, un arma de doble filo

Durante los últimos años, el Ayuntamiento de Castelló ha impulsado diversas campañas para tratar de apoyar al comercio local. Entre las iniciativas más populares destacan los bonos comerciales, que permiten a los consumidores realizar compras con importantes descuentos. Y aunque se trata de una de las acciones más populares tanto para las tiendas como para los compradores, María Ángeles considera que generan “malos hábitos entre el consumidor” porque “la gente se ha habituado a comprar a mitad de precio”.

Otro de los ‘escollos’ al que alude la comerciante es la programación de ocio y entretenimiento que, prácticamente, cada fin de semana llena de vida el centro, ya sean conciertos, eventos familiares, ferias… Y es que aunque este tipo de iniciativas se han lanzado como una herramienta para dinamizar el comercio local, la propietaria considera que en muchos casos el efecto es el contrario. “Lo que hacen es quitarnos el trabajo. Nos perjudican”.

Una tendencia que se repite en numerosas ciudades

Es cierto que desde el Ayuntamiento se han impulsado numerosas campañas e iniciativas para revitalizar el comercio local y atraer compradores al centro de la ciudad. Sin embargo, el goteo de cierres de negocios históricos continúa y no es una realidad exclusiva de Castelló, sino una tendencia que se repite en numerosas capitales de provincia.

La jubilación de sus propietarios, la falta de relevo generacional y los cambios en los hábitos de consumo están transformando poco a poco el casco urbano de las ciudades y cambiando la imagen de viales comerciales de referencia, como es el caso de Alloza. Una calle que antaño se convirtió en un auténtico polo de atracción del ‘shopping’ por la calidad y variedad de sus comercios, unas tiendas que ahora se conforman con sobrevivir.