Hablar hoy de un mercado municipal no es hablar de nostalgia ni de volver al pasado. Es hablar de futuro. De cómo queremos que Benicàssim crezca, emprenda y se proyecte más allá de la temporada alta. De cómo conectamos comercio local, juventud, gastronomía y turismo sostenible en un mismo espacio.
Los mercados municipales han evolucionado. En muchos municipios se han convertido en infraestructuras estratégicas que combinan producto fresco y de proximidad con propuestas gastronómicas, innovación alimentaria y espacios de encuentro ciudadano. Lejos de competir con el comercio local, lo refuerzan. Lejos de ser un gasto, actúan como inversión con retorno económico, social y urbano.
Benicàssim reúne condiciones especialmente favorables para impulsar un mercado mixto municipal: una población residente estable, una fuerte atracción turística, una creciente demanda de experiencias gastronómicas auténticas y un reto claro de desestacionalización económica. No se trata solo de vender alimentos, sino de generar actividad durante todo el año, diversificar la oferta turística y crear oportunidades reales de empleo y emprendimiento.
Uno de los grandes valores de este modelo es su potencial como herramienta para el emprendimiento juvenil. Iniciar un proyecto en el ámbito de la gastronomía o la alimentación suele implicar inversiones elevadas y riesgos difíciles de asumir para la gente joven. Un mercado mixto municipal permite justo lo contrario: puestos de pequeño formato, alquileres progresivos, concesiones temporales y espacios piloto donde probar ideas, aprender, profesionalizarse y crecer.
Esto abre la puerta a nuevas iniciativas vinculadas a la cocina local contemporánea, al producto ecológico, a opciones vegetarianas o veganas, a la atención de intolerancias alimentarias o a cocinas de otras culturas que ya forman parte de nuestra realidad social. Un mercado abierto y diverso es también un reflejo de una sociedad plural y moderna.
Desde el punto de vista del comercio, un mercado mixto municipal bien diseñado actúa como polo de atracción que genera flujo de personas y beneficia al entorno urbano. Desde el turismo, refuerza la identidad del municipio y aporta valor añadido a la experiencia del visitante, alineándose con las estrategias de turismo sostenible que apuestan por la gastronomía, el producto local y la autenticidad frente a modelos masificados.
Además, este tipo de proyecto cuenta con un respaldo normativo claro. La legislación municipal reconoce la competencia de los ayuntamientos en mercados y promoción económica; las estrategias autonómicas y estatales impulsan el comercio de proximidad, el emprendimiento y la gastronomía como activo turístico; y la Agenda 2030 sitúa este tipo de iniciativas en el centro de los objetivos de ciudades sostenibles, empleo digno y consumo responsable.
Por todo ello, plantear un mercado mixto municipal no es una ocurrencia ni una promesa vacía. Es una propuesta técnica, alineada con la legislación vigente y coherente con un Plan Municipal de Emprendimiento, Comercio y Turismo Sostenible. Un proyecto que debe estudiarse con rigor, participación ciudadana y visión a largo plazo, analizando su viabilidad económica, su ubicación y su modelo de gestión.
Benicàssim necesita espacios que generen oportunidades, especialmente para quienes quieren quedarse, emprender y construir aquí su proyecto de vida. Necesita equipamientos que aporten actividad los doce meses del año y que refuercen el comercio local en lugar de sustituirlo. Y necesita políticas valientes que entiendan el desarrollo económico como algo más que cifras: como calidad de vida, cohesión social y futuro compartido. Por eso, he presentado una propuesta de moción municipal para que los portavoces de los grupos políticos y del edil no adscrito la tengan en consideración y la presenten si es conforme a su programa político para Benicàssim.
Un mercado mixto municipal puede ser todo eso. La pregunta no es si podemos permitirnos estudiarlo. La pregunta es si podemos permitirnos no hacerlo.





















