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domingo, 8 de febrero de 2026 | Última actualización: 11:26

Campaña de Manos Unidas

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La asociación católica de Manos Unidas pone un año más su Campaña contra el Hambre. El lema de este año, «Declara la guerra al hambre», es una llamada urgente a nuestra conciencia. Millones de personas -niños, mujeres, ancianos, familias enteras- carecen de lo más básico para vivir con dignidad. No se trata solo de la falta de alimentos, sino también de la ausencia de agua potable, de atención sanitaria, de educación, de trabajo digno y de oportunidades reales de desarrollo.

El hambre en el mundo es una herida abierta en la humanidad y un escándalo que contradice el plan de Dios, que creó la tierra con bienes suficientes para todos. Como nos recuerda el Magisterio social de la Iglesia, el hambre no es consecuencia inevitable de la escasez, sino fruto de la injusticia, del egoísmo, de la mala distribución de los recursos y de sistemas económicos que priorizan el beneficio de unos pocos sobre el bien común.

La paz y el desarrollo son dos realidades inseparables. No puede haber paz auténtica allí donde reinan la pobreza extrema, la exclusión y la desigualdad. La violencia, los conflictos armados, las migraciones forzadas y la ruptura del tejido social tienen, en muchas ocasiones, su raíz en la falta de condiciones dignas de vida.

San Pablo VI expresó con lucidez profética que «el desarrollo es el nuevo nombre de la paz». El desarrollo humano integral -económico, social, cultural y espiritual- es el camino necesario para construir una paz sólida y duradera. Allí donde se garantiza el acceso a los alimentos, a la educación, a la sanidad y al trabajo, se siembran semillas de reconciliación y de paz. Por eso, declarar la guerra al hambre es también trabajar activamente por la paz, combatiendo una de las causas profundas de los conflictos.

Jesús se identifica de manera radical con los pobres y los que sufren. No solo proclama el amor, sino que lo hace concreto: da de comer a los hambrientos, se acerca a los excluidos, cura a los enfermos y denuncia las injusticias. Nos recuerda que en el juicio final seremos examinados sobre el amor vivido: «Tuve hambre y me disteis de comer» (Mt 25,35). No podemos confesar nuestra fe y permanecer indiferentes ante el clamor de quienes pasan hambre. La caridad cristiana implica un compromiso firme por el prójimo, especialmente por los más pobres. Y esta caridad debe ir unida a la justicia, buscando transformar las estructuras que generan desigualdad y exclusión. Desde hace décadas, Manos Unidas es un signo creíble del compromiso con los más necesitados. A través de proyectos de cooperación al desarrollo promueven iniciativas que garantizan la seguridad alimentaria, el acceso al agua, la formación, la salud, la igualdad de la mujer y el desarrollo sostenible de las comunidades. Estos proyectos son procesos que fortalecen a las personas, respetan su dignidad y fomentan su protagonismo. Cada donativo, cada oración y cada acción educativa es una semilla de paz. Seamos generosos en la colecta de Manos Unidas. Todo don, por pequeño que sea, tiene un valor inmenso.