Hay instituciones cuya historia se confunde con la de su propio territorio. La Cámara de Comercio de Castellón es una de ellas. Este 20 de enero se cumplen 125 años desde que, en 1901, 82 representantes de la burguesía castellonense se reunieron en la sede del Círculo Mercantil con un objetivo claro: dotar a Castellón de una institución capaz de defender, impulsar y acompañar su desarrollo económico. Aquel día nació algo más que una corporación: comenzó un compromiso con el progreso que sigue vivo un siglo y cuarto después.
Como presidenta, y como castellonense, siento un profundo orgullo al mirar atrás y comprobar que la andadura de la Cámara ofrece un fiel reflejo de nuestra historia contemporánea. Durante más de un siglo, ha sido testigo directo de los acontecimientos socioeconómicos que han marcado esta tierra. Esa posición privilegiada, que otorgan 125 años de servicio, le permite hoy ser parte activa del presente y del futuro de una sociedad que ha sabido modernizar sus estructuras y proyectarse en un escenario internacional.
El siglo XX estuvo definido por los grandes hitos económicos que transformaron la fisonomía productiva del territorio. Ese camino recorrido explica en gran medida lo que somos hoy: la experiencia acumulada y la memoria compartida permiten afrontar el presente con la serenidad de quien conoce su trayectoria y la determinación de seguir avanzando. Ya en el siglo XXI, los cambios se aceleran. La transformación digital, con una sucesión constante de avances tecnológicos, dibuja escenarios cambiantes que obligan a las empresas a reinventarse de manera continua. En ese proceso, la Cámara ejerce de nuevo su papel histórico: acompañar, orientar y ofrecer herramientas para competir en una economía abierta.
El momento actual plantea importantes desafíos para el tejido empresarial castellonense. Nos enfrentamos a una profunda transformación marcada por la transición hacia nuevos modelos energéticos, la respuesta a los retos medioambientales y un entorno internacional en constante evolución, condicionado por tensiones geopolíticas y cambios acelerados en los mercados. Estos desafíos no son abstractos: afectan de manera directa a nuestras empresas, a su competitividad y a sectores estratégicos de la provincia, especialmente aquellos con una clara vocación exportadora y un elevado consumo energético. En este contexto exigente, las empresas vuelven a demostrar su capacidad de adaptación y su voluntad de seguir avanzando con visión de futuro.
Frente a todo ello, la Cámara de Castellón mantiene vivos los principios que marcaron su origen: facilitar el acceso de las empresas a los mercados, impulsar un entorno fiscal favorable, reforzar la proyección internacional, apostar por la formación y el talento como ejes de competitividad y promover infraestructuras estratégicas que sostienen el crecimiento económico. Hoy, ese compromiso se traduce en el apoyo a la digitalización, la innovación, la sostenibilidad, la internacionalización, el emprendimiento y la formación del talento, elementos clave para el futuro económico de la provincia.
Y es que una cosa permanece inalterable desde 1901: la vocación de servicio. Con 125 años de historia a sus espaldas, la Cámara de Comercio de Castellón sigue estando al lado de sus empresas, da respuesta a sus necesidades y acompaña, como siempre, el progreso de toda una provincia. Lo hará mirando al futuro con la convicción de que el mejor legado de estos 125 años es seguir siendo una institución útil, cercana y comprometida con las empresas de hoy y con las generaciones empresariales que están por venir.





















