Jorge Fuentes. Embajador de España.
En el último medio siglo, para ser exactos desde 1959, ocho Presidentes de los Estados Unidos visitaron oficialmente España (Clinton lo hizo dos veces), lo cual demuestra dos cosas: que tan solo dos Presidentes no pisaron suelo español -Kennedy y Johnson- y que la cadencia de una visita cada cinco años se rompió en 2001 para dejar pasar 15 años sin que se produjera tan importante acontecimiento.
Conviene recordar que cada vez que tenía lugar tal visita, venía acompañada de manifestaciones anti-norteamericanas, a la par que las visitas de líderes de la URSS eran jaleadas con demostraciones de apoyo.
¿Como explicar esa actitud antiamericana que se observa en España? Básicamente proviene de tres factores históricos: la pérdida de Cuba y Filipinas tras una breve guerra hispano-norteamericana; el complejo de una potencia declinante frente a otra emergente a fines del siglo XIX y por último el apoyo de los Estados Unidos a Franco lo que permitió la pervivencia del franquismo durante casi cuatro décadas.
La cosa tiene su gracia porque ese sentimiento de rechazo viene acompañado por el mayor mimetismo que existe en el mundo occidental a todo cuanto provenga de los EEUU, hasta el punto que basta con observar las corrientes culturales, estilísticas o sociales que dominan en aquel gran país en un momento dado para adivinar "lo que se llevará" en España con unos años de retraso.
Aunque la visita de Obama ha tenido que reducirse a un escaso día suprimiendo la parte turística de Sevilla a causa de la matanza de cinco policías en Dallas, ha venido envuelta en un enorme aparato político, mediático y de seguridad, sin excluir las habituales manifestaciones de protesta organizadas tradicionalmente por el PC, luego por IU y ahora por Unidos.
En las escasas horas que el Presidente ha permanecido en España, se ha entrevistado con Felipe VI, con el Presidente en funciones, y con los líderes de los tres principales partidos, y ha visitado la base de Rota, una de las tres más importantes que los americanos tienen en el mundo. Después de que en la cumbre de la OTAN celebrada en Varsovia, Obama reforzara el flanco Este incrementando la presencia militar en Polonia, Estonia, Letonia y Lituania, para hacer una señal evidente a Moscú, la visita a Rota ha hecho lo propio con el flanco Sur, más peligroso para el mundo occidental desde la primavera árabe y el resurgir del yihadismo.
Con la visita a Polonia y a España, Obama corrige en los últimos meses de su mandato los dos principales errores en sus ocho años en la Casa Blanca: su escaso interés por los temas europeos que dieron alas a Putin para resituarse como potencia regional y su fragilidad como gendarme mundial, lo que ha derivado en la progresiva inestabilidad de Oriente Medio y el Magreb.
Para España es importante mantener una buena relación con la gran potencia americana, y ningún presidente español lo comprendió tan bien como Aznar aunque aquella gran alianza se entablara alrededor de una operación mal realizada y peor acabada: la guerra de Irak. En la que España tuvo menos papel que se ha querido hacer ver y de la que Zapatero se desvinculó de forma vergonzante dejando un agujero de seguridad que tuvieron que cubrir otros aliados con las consiguientes pérdidas de vidas humanas que tal cambio conllevó. Aquella retirada española que ZP intentó en vano fuera imitada por otros aliados, desacreditó a España ante los ojos de Washington que desde entonces y por años, fue considerada como un socio no fiable. Ello y el desprecio a la bandera norteamericana en el desfile militar de la Fiesta Nacional de 2003, explican junto con la pérdida de peso específico de nuestro país que pasó de ser el octavo en PIB del mundo al decimocuarto y sigue bajando, pueden explicar ese vacío de 15 años en las relaciones hispano-norteamericanas que Obama ha corregido en su penúltima hora de mandato y bienvenido sea.
Los Estados Unidos son la mayor potencia del mundo democrático, y Europa en general y España en particular deben tener la mejor relación posible con Washington, conscientes de que gracias al enorme esfuerzo militar que despliega, Europa puede dedicar altos porcentajes de su PIB al bienestar social de su población en lugar de construir un ejército que permitiera cuanto menos defender el propio territorio europeo, sin tener que recurrir como tantas veces lo hemos hecho, al gran hermano americano. Con el 0,91% del presupuesto español dedicado a defensa no es posible hacer milagros.
Fui embajador ante la Unión Europea Occidental, organización que intentó crear un ejército europeo, que ahora reclama Podemos como alternativa a la OTAN. Dejando aparte teorías, Europa no está preparada para dedicar el 7% de su presupuesto para la defensa multiplicando casi por diez los presupuestos actuales. Si algún día alcanzamos ese estadio, será el momento de dar las gracias a la OTAN y a los Estados Unidos por los servicios prestados y crear nuestra propia defensa. No veo que ese momento vaya a llegar antes de dos o tres décadas, a menos que desde el próximo enero tengamos a Donald Trump en la casa Blanca, y ponga en práctica su populismo a la americana.






















