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- 25 marzo, 2019 -

Miguel Bataller. Ciudadano del mundo y jubilado. Esta es una pregunta que nos hacemos todos los españoles en bastantes ocasiones y cuya respuesta nos...

Miguel Bataller. Ciudadano del mundo y jubilado.

Esta es una pregunta que nos hacemos todos los españoles en bastantes ocasiones y cuya respuesta nos la facilitan los partidos habitualmente cuando llegan las elecciones.

Sirven en teoría como órgano representación de las Comunidades Autonómicas y de la defensa de sus intereses, pero la verdad en mi opinión y en la de otros muchos, es bastante diferente.

Es un “cementerio” de elefantes políticos jubilables, bien por su edad, o por haberse enfrentado al líder de turno del partido. 

Hasta ahora, la razón para incluir en las listas del Senado a políticos en activo solía ser buscarles un acomodo temporal a personas que sirvieron con dedicación y fidelidad al partido y habían llegado a una edad próxima a la jubilación, lo cual les permitía desconectar del mundillo político activo, poco a poco y sin excesivas exigencias.

No era una norma en todos los casos, porque también había jóvenes que iniciaban su incorporación a la política nacional después de haber participado en la local o autonómica, vía Senado, pero en los partidos más tradicionales como el PP y el PSOE, si que era más natural llegar al final de su carrera política y no al inicio.

Pero en esta ocasión podemos percibir dos actitudes diferentes tanto en el PSOE como en el PP.

En los dos partidos, se ha producido una profunda reconversión en sus equipos de Gobierno y tanto en uno como en el otro han perdido protagonismo sus dirigentes tradicionales.

El PSOE se ha radicalizado sensiblemente hacia la izquierda, para olvidarse de la socialdemocracia de Felipe y Guerra tratando de ganarle el terreno a Pablo Iglesias a Izquierda Unida y a todo el eurocomunismo militante e incluso haciendo guiños a los movimientos independentistas vascos y catalanes, con el único objetivo de mantenerse en una Presidencia del Gobierno eventual lograda a través de un Voto de Censura, por Pedro Sánchez.

En el PP Pablo Casado, ha elegido el camino que marcó en su día José María Aznar, a riesgo de tener que competir en ese terreno con la VOX de Santiago Abascal, que se había anticipado a su movimiento en unos años, abandonando el PP de Rajoy, para dar la batalla desde su nueva formación política.

Los dos fueron alumnos aventajados de Aznar, pero uno optó por seguir junto a Rajoy, mientras este se desviaba de la ruta marcada por su antecesor y el otro siguió fiel a sus principios y decidió salir del PP en un alarde de coherencia, porque partía de la “nada” sin infraestructura ni apoyo alguno.

Todo respetable y comprensible.

Pedro Sánchez borra del mapa electoral a cualquier miembro del PSOE que se le hubiera opuesto o le hubiera negado su apoyo en su lucha encarnizada contra los social demócratas tradicionales y contra los “susanistas” andaluces, lo cual puede llevarle a pagarlo muy caro si todos optan por recomendar la abstención a sus votantes o por crear una serie de partidos socialistas autonómicos federados a imagen y semejanza del Partido Socialista de Cataluña.

Pablo Casado, intenta fortalecer su núcleo duro con gente joven afín a sus posiciones, pero no prescinde radicalmente de quienes apoyaron a Soraya en su contra y les busca a bastantes entre ellos acomodo tanto en listas al Congreso entre los jóvenes o de mediana edad, como en el Senado a los más “maduritos” y próximos a la jubilación. Estas elecciones, van a dejar palpablemente demostrado, que el Senado sirve para todo, para mostrarles a sus ex compañeros de filas socialistas, un desprecio y mala voluntad evidente y que para Pedro Sánchez, “quien no está conmigo, está contra mí”.

Y para Pablo Casado, que se puede jubilar dignamente a sus adversarios dentro del PP, pero nunca les considerará como enemigos.

Pero lo cierto es que para el resto de los españoles, que no militamos en ningún partido político, el Senado es sólo un enorme gasto político evitable, que sólo les sirve a los partidos para subvencionarse o subvencionar a algunos de sus afiliados……Y nada más.

Por lo tanto espero y deseo que como ha propuesto Santiago Abascal y propuso en su día Albert Rivera éste sea uno de esos gastos a evitar entre otros muchos en la Administración Pública Española, en la que sobran miles de Cargos y Cargas Públicas inservibles e insostenibles.

Hasta la semana que viene

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