Domingo, 22 de septiembre, 2019  |  

- 3 septiembre, 2019 -

Enrique Domínguez. Economista.  Por si éramos pocos, como se suele decir, parió la abuela. Tras una campaña citrícola desastrosa en la que, entre otras causas,... ¿Otra piedra en el camino?

Enrique Domínguez. Economista. 

Por si éramos pocos, como se suele decir, parió la abuela. Tras una campaña citrícola desastrosa en la que, entre otras causas, ha tenido su parte de culpa el tratado de la UE con Sudáfrica, nos encontramos con el pacto alcanzado entre la Unión Europea y Mercosur (Brasil, Uruguay, Argentina y Paraguay). ¿Otra piedra en el camino? ¿De qué tamaño?

También se suele decir coloquialmente que “al que le pique, que se rasque”. Es lo que está haciendo una parte del sector agrario y con razón.

Pero, y lo que voy a decir es arriesgado porque más de uno puede pensar que me he vendido al oro de Mercosur, si paso del estadio personal (me considero pequeño agricultor) o sectorial (el agrario) al provincial, regional o estatal, el enfoque del Tratado puede ser diferente; es distinto.

A bote pronto, la reducción de aranceles que comportará la puesta en marcha del Tratado cuando entre en funcionamiento, más o menos dentro de dos años, beneficiará a bastantes sectores industriales, entre ellos el automovilístico, químico, textil y a nuestro sector cerámico; si bien la industria de zumos se verá afectada negativamente.

También se habla de problemas para la actividad agraria, en particular el ganado bovino, la apicultura, los cítricos y las frutas en general, por la facilidad para la introducción en la UE de frutas exóticas que puedan reducir el consumo de las tradicionales exportadas desde aquí. E incluso se habla que, a pesar de pertenecer esos países al otro hemisferio, que puedan intentar adaptar sus producciones de cítricos para que se solapen en parte con nuestras producciones.

Se critica que, de momento, la Unión Europea haya planteado solo la modificación del acuerdo con Mercosur en lo relativo al ganado vacuno (problema que afecta sobre todo a Francia, Reino Unido –si continua en la UE-, Alemania e Irlanda) y no haya hecho caso, o se haya olvidado del sector citrícola.

Y ahí viene el problema del sector citrícola, que está en la base de la mayor parte de las cuestiones que le afectan. ¿Dónde está el peso del sector ante la UE? ¿Dónde está, si existe, el lobby citrícola? ¿Dónde está Intercitrus, la interprofesional y sus campañas de publicidad, difusión e  información?

Me temo que tenemos lo que sembramos. Y lo peor es que quien paga el pato es el pequeño agricultor –tradicionalmente individualista-, que también está desunido, y al que le llueven los palos desde todos los sitios.

Cierto es que el Tratado con Mercosur, si se ratifica y aplica será un problema más para la citricultura en general, aunque, principalmente, para la del pequeño agricultor. El gran productor ya sabrá invertir en esos países como ha hecho en Marruecos, Sudáfrica o Egipto; ¿les interesa que funcione el lobby citrícola o solo su lobby particular?

No echemos, pues, toda la culpa a este tratado o a los anteriores; asumamos que todos tenemos nuestra parte de responsabilidad en lo que nos pasa; tal vez hemos llegado un poco tarde para conseguir revertir la situación.

Pero, como decía, para el conjunto provincial, regional o estatal, el Tratado UE-Mercosur puede ser beneficioso porque, seamos honestos, el peso de la agricultura y actividades industriales y de servicios relacionadas en el PIB es el que es.

Ahora que aún se está a tiempo; a ver si el sector es capaz de presionar para que Bruselas reconsidere la incidencia del Tratado en el sector citrícola y lo modifique y, sobre todo, que forme, informe y difunda qué es y para qué sirve esa fruta dorada que producimos pero que no sabemos vender; esa fruta que a casi todos nos compran pero que pocos saben venderla. ¿Qué opina usted?

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