Jueves, 24 de octubre, 2019  |  

- 16 junio, 2019 -

  Casimiro López Llorente. Obispo de la Diocésis Segorbe-Castellón El próximo Domingo celebramos la fiesta del Corpus Christi. Su centro es la Eucaristía, en...

 

Casimiro López Llorente. Obispo de la Diocésis Segorbe-Castellón

El próximo Domingo celebramos la fiesta del Corpus Christi. Su centro es la Eucaristía, en la que Jesús nos ha dejado el memorial de su entrega total en la Cruz por amor a toda la humanidad; en la Eucaristía, Él mismo se ha quedado para siempre entre nosotros, para dársenos en Comida y para que, postrados en adoración, contemplemos y acojamos su amor llevado hasta el extremo y alimentemos nuestro amor fraterno.

Jesus, ascendido al cielo, sigue en medio de nosotros en la Eucaristía. El evangelio del milagro de la multiplicación de los panes y los peces, que la prefigura, ilustra muy bien el deseo de Jesús de estar cerca de los hombres y de sus necesidades. Los discípulos quieren despedir a la multitud porque se sienten desbordados y no saben cómo atenderlos. Pero Jesús dice: “Dadles vosotros de comer”. Jesús no se desentiende de las necesidades de los hombres. Al contrario. Por eso se hizo hombre y por eso quiere permanecer en la Eucaristía. Con el mandato a sus apóstoles, Jesús quiere introducirnos en el dinamismo de su amor. Ellos no pueden dar de comer a la multitud, pero Él sí puede darles de comer y quiere que sus discípulos se unan a Él en ese amor. Con el tiempo, los discípulos descubrirán que la Eucaristía los alimenta y sostiene en ese amor al prójimo porque los mantiene unidos a Jesús.

El día del Corpus salimos en procesión por nuestras calles acompañando a Jesús Sacramentado. Con ello manifestamos nuestra fe en que Jesús está presente,  camina con nosotros en nuestra vida diaria; y así mostramos también nuestra adhesión al deseo de Jesús de acercarse a todos para que la Vida que Él nos da entre en nuestros hogares y transforme nuestra relación con los demás. Unidos a Cristo Jesús, que nos alimenta con su Cuerpo y Sangre en la Eucaristía, podemos establecer una nueva relación con las personas que están a nuestro alrededor. La participación en la Eucaristía nos va configurando con Jesús y va cambiando nuestro corazón para que veamos a los demás con la mirada de Cristo.

La celebración y la adoración de la Eucaristía y las obras de caridad están íntimamente conectadas; la una lleva a la otra. Ante la Eucaristía hemos de recordar esas palabras de Jesús: “Dadles vosotros de comer”. Aunque podamos aportar poco, Jesús siempre puede acrecentar nuestra generosidad, nuestra entrega, nuestro amor.

Por ello, el día del Corpus celebramos el Día de la Caridad: para que el amor de Cristo Jesús llegue a través de nosotros a todos, en especial a los excluidos de nuestra sociedad y del mundo entero, para que todos formen parte de la nueva fraternidad creada por Jesús. Quien en la comunión comparte el amor de Cristo es enviado a ser su testigo compartiendo su pan, su dinero y su vida con el que está a su lado: con el que está necesitado no sólo de pan sino también de Dios y de su amor, con los enfermos, los pobres y los mayores abandonados, con los marginados y excluidos, con los reclusos, emigrantes o parados.

El amor de Cristo, presente en la Eucaristía, nos apremia y urge a una caridad efectiva y comprometida con todos los necesitados en nuestras comunidades. La caridad no puede faltar en la vida y misión de la Iglesia diocesana, de las parroquias y de todos los cristianos. “Dadles vosotros de comer”, nos dice hoy Jesús a sus discípulos. No lo olvidemos: quien en la celebración, comunión y adoración de la Eucaristía recibe el amor de Cristo es enviado a ser su testigo compartiendo su pan, su tiempo y su vida con el hermano necesitado. Nadie puede quedar excluido de nuestro amor, porque nadie está excluido del amor de Dios, manifestado y ofrecido en Cristo-Eucaristía.

Un modo concreto de expresar  nuestro compromiso en el amor es ser generosos en la Colecta de Cáritas en este día. Hemos de redoblar nuestro esfuerzo y compromiso en favor de todos los excluidos de nuestra sociedad y del mundo entero, para que a todos llegue el amor del Señor a través de nuestro amor. Gracias a todos por vuestra generosidad y por vuestra entrega.

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