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- 15 mayo, 2017 -

Rafa Cerdá. Abogado. El próximo día 21 las bases del P.S.O.E están convocadas a elegir a la persona que debe ostentar la Secretaría General... Los restos

Rafa Cerdá. Abogado.

El próximo día 21 las bases del P.S.O.E están convocadas a elegir a la persona que debe ostentar la Secretaría General de la centenaria formación política. De sobra conocido resulta el triplete de figuras que presentan su candidatura: Pedro Sánchez, el Secretario revocado, Susana Díaz, actual Presidenta de la Junta de Andalucía y factótum del ‘aparato’ del partido, y Patxi López, quien ostentó la jefatura del gobierno vasco del 2009 al 2012 con el apoyo del Partido Popular.

De tan admirable tríada la candidatura que parece acercarse al triunfo es la de Susana Díaz, pero de forma muy precaria y con una pírrica ventaja sobre un Pedro Sánchez sorpresivamente venido arriba si se compara el total desamparo en el que quedó tras su caída el pasado otoño. Desamparo que no implica debilidad, desde que anunció su deseo de retornar a la Secretaría General participando en el proceso de primarias, el grado de apoyo recibido desde la militancia es muy alto.

En un tiempo en el que los aquellos que se presentan como ‘outsiders’ del sistema (sirva el ejemplo de la inesperada elección de Donald Trump) obtienen un fuerte respaldo electoral, la figura de Sánchez concita, como poco, un enorme debate: ¿Reúne las mejores condiciones de solvencia y estabilidad para retomar el mando del P.S.O.E? ¿Busca la renovación del partido o la entrega del proyecto socialista a Podemos? ¿Demuestra haber aprendido de los innegables errores cometidos y que llevaron a la fractura del partido? ¿Sería capaz de integrar a los sectores a él enfrentados?,…

Demasiadas incógnitas a plantear, multitud de cuestiones que no despejan la inconsistencia de un liderazgo que cosechó los peores resultados electorales para el partido en toda su historia desde 1977. Pedro Sánchez enarbolará la bandera del descontento pero gestar la frustración no garantiza un recorrido largo en política; la realidad acaba imponiéndose, y en este país demasiadas veces nos hemos estampado contra el muro mientras los gobernantes se ponían estupendos con su cacareo de eslóganes ‘hiperilusionantes’ y ‘megachulis’.

No hay más que recordar la absoluta inoperancia del Gobierno socialista de Zapatero durante los años 2009 y 2010, en pleno estallido de la Crisis Económica más atroz de los últimos tiempos, cuando la apelación a los intereses progresistas era jaleada hasta la saciedad mientras España se desangraba viva.

De acuerdo que los otros dos aspirantes, López y Díaz, no son para tirar cohetes, pero ambos poseen experiencia en el durísimo ejercicio de gobernar. Con Sánchez al frente, el Partido Socialista corre el riesgo de sufrir, más que una fractura, una verdadera amputación de paz interna, y sobre todo, un más que un potencial riesgo de diluir al partido en una radicalidad ajena a la organización socialista, y que son más propias de formaciones al estilo de Podemos.

Un enorme esfuerzo de trabajo y también de imaginación, debe afrontar el P.S.O.E. en aras a solventar la galopante crisis instalada en la socialdemocracia europea. En Francia, el socialismo sencillamente ha sido barrido del mapa electoral justamente por escorar demasiado su programa hacia los postulados de la izquierda radical.

Ojalá el próximo lunes el escenario político del segundo partido nacional se haya despejado. Ojalá triunfe la responsabilidad por encima del enconamiento, de aquel PSOE que ganó las elecciones en el año 2004 únicamente quedan los restos: divididos, enfrentados con un presente que rechazan y un futuro que se les escapa, y lo que es peor, sin una aparente posibilidad de vuelta atrás. ¡Cómo me gustaría equivocarme!

 

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