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- 29 enero, 2019 -

Jorge Fuentes. Embajador de España. La semana pasada tuvo tal sobrecarga informativa que resultaba difícil de soportar para un ciudadano medio: las huelgas de... Guaido versus Maduro

Jorge Fuentes. Embajador de España.

La semana pasada tuvo tal sobrecarga informativa que resultaba difícil de soportar para un ciudadano medio: las huelgas de taxistas en Barcelona y Madrid a las que desde ayer se suman los dé otras ciudades; las dificultades de Podemos tras las renuncias a sus escaños de Errejón y Espinar; el rescate del niño Julen tragado por uno de los miles de pozos existentes en el país.

A escala mundial, sin embargo, lo más trascendente es lo que está ocurriendo en Venezuela, cuestión sobre la que no es fácil pronunciarse sin pasarse de demagógico o de buenista.

Cualquier hecho que se produzca en Iberoamérica tiene para España una importancia primordial debido a los vínculos históricos, étnicos y familiares que nos unen. En España viven 300.000 venezolanos; en Venezuela, solo contando canarios, hay más de 100.000.

No hay que olvidar los intereses económicos de las grandes multinacionales españolas no solo en Venezuela sino en toda América Latina lo que nos convierte, junto con los Estados Unidos, en el primer inversor en toda la región.

Todo ello hace que nuestra voz tenga una gran influencia y credibilidad en el resto de los países del mundo y especialmente en los socios de la Unión Europea. No llegaré tan lejos como a decir que lo que diga España en Bruselas respecto a aquella región va a misa pero sin duda pesa más que lo que opine cualquier otro socio que procurará ir amoldando su postura en torno a las ideas expresadas por nuestra delegación.

Todo esto suena muy bien pero -‘noblesse oblige’- conlleva también el peso de la púrpura. Exige estar perfectamente informado, tener ideas sensatas, poseer una sabia combinación de prudencia y coraje, negociar bien los apoyos y calcular correctamente la estrategia.

En el caso concreto de Venezuela nada es sencillo ya que aquel país está sumido en un régimen totalitario, repleto de instituciones fallidas  que lo está conduciendo a la miseria más absoluta, con carencia de lo fundamental para subsistir (alimentos, medicamentos, productos higiénicos) lo que ha llevado al 70% de la población a la pobreza extrema y al 10% a la estampida emigratoria hacia países vecinos en busca de alimentos, aunque estos países no se encuentren en una situación boyante.

Todo ello ocurre, paradójicamente, en una de las naciones con mayores recursos del mundo. Sus reservas petrolíferas superan con creces todo el petróleo que el mundo entero ha consumido en el último siglo. Pese a ello, la inflación y la escasez es de tal envergadura que un sueldo diario normal no alcanza para comprar más que un par de huevos.

En tal país, fuimos testigos del golpe militar dado por Chávez en 1992 (fallido) y en 1999 (exitoso). El nuevo líder estuvo a punto de ser barrido por un contragolpe en 2002 (recuerden que Chávez acuso a Aznar de haberlo promovido), que se prolongó con la herencia de Maduro cuya incompetencia nos ha llevado al estadio en que nos encontramos. En 2015 la oposición logra conquistar la Asamblea Nacional  pero Maduro se fabrica un Parlamento a su medida y amaña las elecciones del pasado año 2018.

Hace escasos días, el presidente de la Asamblea, Juan Guaido, basándose estrictamente en la Constitución vigente, se proclama Presidente interino del país con el único objetivo de convocar elecciones libres y transparentes.

Maduro cuenta con el apoyo de la cúpula del Ejército y con el Tribunal Supremo, aparte de con el apoyo internacional de sus principales beneficiarios petrolíferos (Rusia, China, Siria, Cuba, Bolivia, Nicaragua).

Guaido, a su vez, tiene tras él una buena parte de la población y el reconocimiento de la práctica totalidad del mundo occidental, incluidos los EE.UU., la Unión Europea, Canadá, Australia, Israel, Brasil, Argentina, Colombia, Perú Ecuador etc.

Es aun imposible prever cómo acabará este pulso. Consciente de su papel decisivo, Guaido está intentando neutralizar al ejército cuya cúpula es la gran beneficiada del régimen. Si éste obedece las órdenes del Dictador, habrá un baño de sangre y un desenlace aún más penoso que el estadio actual.

El ultimátum dado por la UE de convocar elecciones en 8 días, de los que ahora solo quedan cinco, no es probable sea suficiente para doblegar a Maduro quien por añadidura sacó los colores a Sánchez a quien recordó que no estaba en condiciones de dar lecciones de democracia a nadie y que si quería elecciones, las convocara en España.

No es fácil hoy prever como se desanudará  este complicado problema. Por el momento debe continuar la presión política y económica internacional, es preciso que Guaido y sus millones de seguidores se mantengan firmes y sería muy conveniente que aparecieran algunos mediadores creíbles (¿México, la Santa Sede?) Sin duda todos querríamos ver un cambio pacífico y tranquilo hacia la democracia. Ojalá así sea.

 

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