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- 9 febrero, 2020 -

Jorge Fuentes. Embajador de España. Si un país, cualquier país, quiere tener credibilidad y prestigio internacional, debe esforzarse por mantener una política exterior que... Política Exterior de coalición

Jorge Fuentes. Embajador de España.

Si un país, cualquier país, quiere tener credibilidad y prestigio internacional, debe esforzarse por mantener una política exterior que sea, no de Partido ni siquiera de Gobierno sino de Estado, una política que aúne consensuadamente las diversas posiciones partidistas del país. Un ideario parecido al que Felipe VI acaba de presentar en su encuentro con el cuerpo diplomático acreditado en España.

Así ha venido siendo, salvo contadas ocasiones, desde que ya hace casi medio siglo se implantó la democracia en España y gracias a ello pudimos integrarnos en la UE, en la OTAN, en la ONU y en todas las organizaciones internacionales occidentales convirtiéndonos en ellas en puntales firmes y respetados.

En las últimas semanas, sin embargo, estamos asistiendo a la toma de decisiones diplomáticas que están poniendo en entredicho nuestro prestigio y el necesario equilibrio para con nuestros socios y aliados.

Se han producido dos anomalías aun no aclaradas -la visita a la Embajada de Méjico en Bolivia por nuestra encargada de negocios en La Paz y el inoportuno viaje de la Vicepresidenta de Maduro a Madrid- cuya principal consecuencia ha sido la modificación de nuestra política respecto a los paises bolivarianos y el plantón dado por nuestro Presidente al reconocido Presidente encargado de Venezuela, Juan Guaido en su exitosa gira por Europa y los Estados Unidos.

Arrancando de ahí, se está produciendo un desencuentro con Washington que se arrastra desde el ‘affair’ Airbus-Boeing y el incremento de aranceles que Trump ha impuesto a cuatro paises de la UE (entre ellos España) que el Presidente Sanchez intenta enfrentar amenazando con reducir nuestra contribución a la OTAN, ya de por si sumamente magra. Paupérrima idea con la que poco o nada vamos a conseguir.

Otra pifia semi diplomática ha sido la aceptación por parte del gobierno de España de un aparato de protocolo de Estado para el encuentro Sanchez-Torra en Barcelona. Era como si se entrevistaran dos líderes de dos países soberanos e independientes. Más aun, Torra tenía rango superior ya que mientras Sanchez , lo quiera o no, es solo el Primer Ministro de España que tiene por encima al Rey, Torra, en su delirio, no reconoce ninguna autoridad por encima de él en Cataluña; él es el Jefe de un Estado imaginario llamado Cataluña. Ello explica el boato en la recepción y la reverencia dislocada del todopoderoso Ivan Redondo, flexión que nunca un hombre de izquierdas ha ofrecido ni a Juan Carlos I ni a Felipe VI.

En esas condiciones y probablemente como consecuencia de la propia esencia de la coalición de nuestro Gobierno, el eje central de la UE, el franco-alemán, que con toda lógica hubiera tenido que inclinarse hacia el flanco español como aliado preferente tras producirse el Brexit, lo ha hecho hacia el flanco oriental abrazando a Polonia, como es bien sabido gobernada por la derecha.

Es necesario subrayar este último dato que, en caso de consolidarse la triple alianza franco-alemano-polaca, significaría que el eje central de la Union confía mas en un país de clara vocación derechista, Polonia, que en otro como el nuestro, en que ha aflorado una coalición socialista-comunista. Todo un motivo de reflexión.

Y para clausurar estos despropósitos, nuestra Ministra de Exteriores, recién llegada al cargo, cae en la simpleza de creer que la política exterior del país empieza con ella y pronuncia la desafortunada frase “España ha vuelto (¿de dónde?) y lo ha hecho para quedarse(?)”, expresión que ni aquí ni allende las fronteras, nadie comprende y que, como tantas otras dudas va a necesitar amplia aclaración.

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