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- 8 agosto, 2017 -

Jorge Fuentes. Embajador de España. En estos días se evoca con insistencia los 25 años de la celebración de los Juegos Olímpicos de Barcelona... Años de esplendor

Jorge Fuentes. Embajador de España.

En estos días se evoca con insistencia los 25 años de la celebración de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992 y por muy importante que fuera aquel evento, que lo fue, no debe hacernos olvidar que aquel mismo año tuvo lugar la Exposición Universal de Sevilla, la capitalidad cultural de Madrid y la reconstrucción del viaje de Colón con la expedición de una nueva Santa Maria que partiendo como lo hizo su hermana 500 años antes, del puerto de Palos de Moguer, visitó varios puertos americanos yendo a cerrar su periplo en Miami.

Por entonces yo me encontraba como Embajador adjunto en Washington y pude ser testigo de las celebraciones norteamericanas del Quinto Centenario, incluida la exposición ‘Circa 1492: el arte en la era de las exploraciones’ que organizó Carter Brown, director a la sazón del museo de arte contemporáneo de Washington convertido bajo su mando en uno de los más importantes del mundo.

‘Circa 1492′ es la mejor exposición que he visto en toda mi vida y puedo asegurarles que he visitado cientos de ellas en el último medio siglo. Carter Brown era uno de esos americanos de pro, inteligente, distinguido, exquisito, que por sí solo rompería el feo mito de la vulgaridad del rudo cowboy que contrastaría con el refinamiento europeo.

Pareja sentimental de Pamela Harriman, una de las grandes damas de la segunda mitad del siglo XX, supieron dar ambos un relumbrón extraordinario a su país. Ella murió en 1997 cuando, siendo Embajadora de los EE.UU. en Francia, se bañaba en la piscina del Ritz. Carter Brown falleció en 2002 a consecuencia de un cáncer de páncreas. Con ellos desaparecieron dos iconos irrepetidos de la sociedad del otro lado del Atlántico. Mi mujer y yo trabajamos estrechamente con ellos para completar la magna operación cultural.

Pocas semanas después de inaugurada ‘Circa 1492′ tuve la suerte de que me reclamaran desde Barcelona para, junto con mi colega el Embajador catalán Pepe Coderch, dirigir el protocolo de los Juegos Olímpicos. Recuerdo con especial vividez las pruebas hípicas, deporte practicado por la realeza del mundo entero lo que hizo que, con frecuencia en el salón del centro hípico se reunieran docenas de cabezas coronadas.

Qué tiempos aquellos en que el entonces presidente de la Generalidad, Pascual Maragall, podía afirmar ” Lo que es bueno para Barcelona lo es para Cataluña y lo que el bueno para Cataluña lo es para España”. Y en que Juan Antonio Samaranch representaba con orgullo desde el COI, su españolidad y su catalanidad. De todos ellos guardo un imborrable recuerdo.

El Embajador Emilio Casinello, responsable de la Expo 92, nos invitó a la también formidable muestra de Sevilla, una magnifica exhibición de nuevas experiencias arquitectónicas reflejadas en el centenar de pabellones que otros tantos países se esforzaron por construir para mejor lucir sus posibilidades culturales, económicas y comerciales.
La capitalidad cultural de Madrid hubiera sido, por si sola, un evento capaz de atraer las miradas del mundo entero, pero en aquel esplendoroso año 92, Barcelona, Sevilla y Washington dejaron poco espacio para el lucimiento de Madrid.

España estaba de moda en 1992. Estábamos recién ingresados en las instituciones euro-atlánticas, después de una transición ejemplar desde el franquismo a la democracia; el PSOE había tomado el relevo de UCD y con ello nuestra flamante Monarquía Parlamentaria probaba que era capaz de reinar sobre gobiernos de derechas y de izquierdas . Y, visto lo visto, a Don Juan Carlos, le fue casi mejor con Felipe y José Luis que con Adolfo, Leopoldo, Jose María y Mariano.

Bien es cierto que por entonces, ETA estaba muy activa y ello creaba un estado permanente de inquietud en el país. También es verdad que aquellos fastos contribuyeron a debilitar nuestras cuentas y a dejar la caja vacía para el momento en que el PP tomo el relevo político.

Pero también es muy verdad que España cobró un gran protagonismo en la escena mundial y tal prestigio es difícil de comprar con dinero. No es que cualquier tiempo pasado sea mejor, pero es que el esplendor que conoció España hace 25 años, sin falsa nostalgia, no se ha repetido ni, por el momento, lleva camino de repetirse.

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  • Felicidades por tan acertado artículo, lleno de nostalgia de un tiempo que, sin dudar, fue mucho más ilusionante que el actual.
    Comparto tu opinión final sobre que no podemos esperar que aquellos tiempos de esplendor se produzcan.
    La pregunta sería esta: ¿Que han hecho las clases dirigentes para que la situación sea muy poco halagüeña?

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