jueves, 3 de diciembre, 2020  |  

- 22 octubre, 2020 -

Jorge Fuentes. Embajador de España En los 42 años de vida de nuestra aun joven democracia, hemos conocido cinco mociones de censura de las... Un Gobierno de confianza

Jorge Fuentes. Embajador de España

En los 42 años de vida de nuestra aun joven democracia, hemos conocido cinco mociones de censura de las cuales, solo la que promovió Pedro Sánchez en 2018 logró salir victoriosa. Las restantes, avanzadas por González contra Suarez (1980), por Hernández Mancha contra González (1987), por Iglesias contra Rajoy (2017) y la actual de Abascal contra Sánchez, fracasaron.

Entre la opinión pública, la Moción de censura tiene escasa aceptación y ello debido a que el votante cree poder decidir con su voto, en unas elecciones generales, la formación de una mayoría que configurará el nuevo gobierno. La Moción introduce un factor sorpresivo que en general, molesta al electorado que queda sustraído al desarrollo de este instrumento por lo demás perfectamente legítimo y contemplado en todas las Constituciones modernas.

Quizá aquella sea la razón por la que solo excepcionalmente, un equipo llega al gobierno por la vía de la Moción. Y mucho menos cuando ésta no la promueve el principal partido de la oposición como fue el caso de Podemos en 2017 y de Vox en esta ocasión. Las dos veces hemos podido ver que incluso los partidos afines al convocante -el PSOE en 2017 y el PP ahora- votaron en contra del convocante de la Moción, al que veían como intruso que pretendía desplazarles de sus posiciones de líderes de la oposición y, por consiguiente, únicos sólidos candidatos a acceder al Ejecutivo.

No es que no hubiera razones para la pérdida de confianza en la actual alianza de gobierno. La pésima gestión de la pandemia, las catastróficas consecuencias económicas que se avecinan, los amagos del Ejecutivo para adueñarse del poder Judicial tras copar los dos restantes, habían justificado más que nunca, la desconfianza en el gobierno.

Sin embargo, promover una Moción sin tener la mas mínima posibilidad de que triunfe, es un ejercicio fútil que puede tener un valor testimonial pero, más probablemente, puede ser contraproducente para el convocante.

No es válido, sin embargo, el argumento esgrimido por muchos partidos, de que la actual Moción ha sido una pérdida de tiempo. Las Cortes tienen poco mas que hacer aparte de parlamentar y la discusión de estos dos días ha permitido recordar la retahíla de los errores y los horrores cometidos por el Gobierno en estos dos años, muy bien expuestos por Ignacio Garrido y a veces también por Abascal que ha progresado mucho como parlamentario.

Aunque el PP y C,s hubieran apoyado a Vox, la mayoría de gobierno habría derrotado la Moción y Casado hubiera quedado doblemente en evidencia por la derrota y por haber quedado rebasado por Abascal de quien habría pasado a ser su acólito. Para evitar tal situación, una abstención no hubiera sido suficiente y Casado, tras pronunciar un no rotundo, buscó situarse en un centro equidistante entre los dos extremos.

Se han oído afirmaciones desagradables en estos días: los «doctos» consejos de Iglesias y Lastra a Casado, las descalificaciones a Vox partido que pondría las cosas muy difíciles a la derecha en Europa (Iglesias dixit!), los alardes de patriotismo y monarquismo de todos lados, la revisión de las biografías y las posesiones de los líderes mas extremos.

Al final de la batalla quedó muy claro que la izquierda se siente más segura que nunca, la derecha está profundamente fracturada y las posibilidades de un cambio de Gobierno solo posible tras unas elecciones, se encuentra más lejos que hace una semana.

Habrá que estar atento a lo que ocurre próximamente en Madrid, Andalucía y Murcia. Y también habrá que estar atentos a las encuestas de los próximos días para ver negro sobre blanco, a quién ha beneficiado y perjudicado esta Moción.

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