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domingo, 27 de noviembre del 2022 | Última actualización: 03:09

El juego del escondite

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Santiago Beltrán. Abogado.

Y de pronto volvió González y de la mano de Rajoy se puso a gobernar en su lugar. Curioso galimatías refrendado por las últimas actuaciones del ejecutivo. Por una parte, Cospedal cambia radicalmente de discurso y desde Bruselas -santuario milagroso, cual Lourdes económico- pasa de rechazar cualquier clase de pacto con los socialistas a 'hacer lo indecible para que sea una realidad'. Por otro lado, se apuesta por Sáenz de Santamaría como coordinadora de la política económica del gobierno, y a nadie se le debe escapar la magnífica relación que desde siempre ha mantenido con Rubalcaba. Por último, alejándose de los postulados 'aznarianos' y confluyendo con las políticas socialdemócratas de mayor gasto público como motor de la recuperación económica, se llega a transmitir una imagen de moderación y centrismo que le permite al Gobierno vender como excusa, llegado el caso, por si fracasa la estrategia económica, una concurrencia de culpas con los socialistas, desde el sublimado pacto de Estado.

A todo esto, el gesto de Rajoy, delegando prácticamente todo el poder político y económico del ejecutivo en Soraya, en la que confluirán la vicepresidencia política, la  económica junto a la portavocía del gobierno, tiene varias lecturas y casi ninguna positiva. La primera, que nadie hasta ahora había tenido tanto poder no siendo Presidente, lo cual puede generar más de una fricción con el resto de ministros, sobretodo con aquellos que se creen lo suficientemente capacitados para que nadie, que no sea el verdadero jefe,  les controle y supervise. La segunda, que delegando tantas funciones y competencias, Rajoy, se auto proclama como una especie de Jefe del Estado plenipotenciario, siendo Soraya su primer ministro y valida ejecutora. Con todo, Rajoy se recluye en la Moncloa, aún más de lo que estaba, convirtiéndose en el primer presidente en democracia que sufre el síndrome monclovita en los inicios de su primera legislatura; se rodea de sus más íntimos consejeros diseñando las líneas maestras que su 'pequeña' mano derecha deberá materializar, reservándose sus intervenciones públicas para los grandes actos, generalmente en el extranjero. De paso, cualquier fracaso le permitirá salvar su cabeza y cobrarse la de la vicepresidenta para todo, ofrecida a la opinión pública como una juanbautista del siglo XXI.

Sospecho que la presión del poder y el liderazgo provocan estas reacciones tan incomprensibles, por las que son preferibles alianzas con el adversario político, se llame González, Zapatero o Rubalcaba, aunque con ello consigas resucitar a determinadas momias políticas, que seguir el consejo de tu mentor político, del que que te eligió y elevó a las más altas instancias del poder, en una prueba de confianza absoluta. Quizás sea preferible morder la mano del que te dio de comer y escapar de toda comparación posible con el 'maestro', antes que reconocer que sus razones son más poderosas que las propias y que al final, como el hijo pródigo, nunca debiste abandonar la casa de tus padres.