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- 31 enero, 2018 -

Jorge Fuentes. Embajador de España. Quiero olvidar la crisis catalana pero me resulta difícil: lees la prensa o conectas la radio o la televisión... Feliz cumpleaños, Majestad

Jorge Fuentes. Embajador de España.

Quiero olvidar la crisis catalana pero me resulta difícil: lees la prensa o conectas la radio o la televisión y lo primero que surge es el fugado Puigdemont soltando sus ocurrencias sobre Europa, España o Cataluña.

Por una vez agradecería a los medios informativos que fueran algo menos diligentes y nos libraran de la tortura malaya con que nos castiga este personaje. La libertad de prensa con frecuencia olvida sus responsabilidades y una de ellas debe ser no adoctrinar al público y evitar darle la tabarra.

Torrent, el Parlament  y el entorno exterior de la magna asamblea también están dando mucho juego. La convocatoria del pleno del día 30 y su ulterior suspensión dieron lugar a protestas callejeras con insultos y agresiones a los diputados constitucionalistas, ataques mal impedidos por los Mossos.

Una vergüenza más que añadir a las muchas que nos ha tocado aguantar en los últimos días intentando evitar que CP se colara en el Parlament por una alcantarilla, en un maletero, lanzándose en paracaídas o al amparo de un disfraz. Creo que todos hemos visto demasiadas películas de espías ¿No hubiera sido más sencillo y barato enviar varios agentes a Bruselas y controlar al minuto los movimientos del personaje?

Las cosas no van bien en la crisis catalana y no solo por lo que están perjudicando a aquella región y a toda España sino también porque están sacando a la luz del día las deficiencias de algunas de nuestras instituciones. Veamos:

El Gobierno central convocó unas elecciones en Cataluña que podían y debían haber esperado meses. Permitió que se escapara el primer responsable del caos catalán y que produjera el constante descrédito del país desde el exterior.

Las elecciones del 21-D dieron el resultado conocido y esperado, sientan en la mesa del Parlament a un nuevo President de dudoso currículum que se empeña en colocar a CP de nuevo al frente de la Generalitat.

El Gobierno de España pide ayuda al Consejo de Estado que se sale por la tangente. Por cierto, aquí tenemos una magnífica ocasión para revisar la relación calidad-precio, la utilidad y el coste de esta institución que sirve para poco más que pagar pingües sueldos a ex presidentes, vices, ministros y etc.

A la desesperada, el Gobierno busca amparo en el Tribunal Constitucional y lo obtiene: Puigdemont no podrá ser presidente si no hace acto de presencia física en el Parlament  y con carácter previo se pone a disposición del Tribunal Supremo  que sin duda lo alojará en Estremeras junto a su ex Vice Junqueras.

Y en esas estamos, contando  si los dos meses de plazo para formar gobierno o convocar nuevas elecciones han empezado a correr o no.

Es un auténtico despropósito todo cuanto está ocurriendo en Cataluña, sin solución que se vislumbre en el horizonte ¿Se tratará de repetir elecciones hasta que triunfe una mayoría constituyente o por el contrario habrá que confiar que el Parlament proponga un President que sea independentista aunque no tanto? Es decir que no esté entre los imputados o entre los sospechosos que en cualquier momento pueden ser citados por el Supremo y dejar descabezado al Govern.

Abracadabrante casi todo lo que discurre ante nuestros ojos en Cataluña, una autonomía en que triunfó un partido constitucionalista (Ciudadanos), especialmente en las provincias más prósperas -Tarragona y Barcelona: Tabarnia- aunque por efectos de la ley electoral no puedan formar mayoría. Albert Boadella, con su genio teatral, vio casi escrito el guión de uno de sus histriónicos montajes y se erigió en Presidente  de esa Tabarnia desde su exilio madrileño, parodia genial de la payasada de CP desde Bruselas.

Y en medio de todo ese galimatías, Felipe VI cumple 50 años y decide celebrarlo dando entrada a la princesa Leonor (12 años) en funciones institucionales como heredera de la Corona, concediéndole el Toisón de Oro, la máxima condecoración que otorga la casa real.

Magnífico acto que se desarrolló con total perfección y que, por unas horas, nos ha permitido recordar que somos un gran país, que tenemos un gran Rey y que, dentro de muchos años, tendremos una gran Reina.

Feliz cumpleaños, Majestad.

 

 

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