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‘Line of Duty’: el arte de interrogar ‘Line of Duty’: el arte de interrogar

- 12 abril, 2021 -

Daniel Bernat. Graduado en Derecho y especialista en series. Una habitación. Varias personas. Un pitido ensordecedor que te saca de quicio y dura más... ‘Line of Duty’: el arte de interrogar

Daniel Bernat. Graduado en Derecho y especialista en series.

Una habitación. Varias personas. Un pitido ensordecedor que te saca de quicio y dura más de lo que debería. Se presentan, y, a partir de ahí, comienza un proceso que puede extenderse desde cinco minutos, hasta casi la mitad de un episodio que ronda los sesenta minutos; todo depende de la importancia del interrogado/a y del momento en el que se encuentre la trama. ‘Line of Duty’ tiene en estas situaciones una de sus grandes bazas, pero no es la única.

La ficción británica nos traslada a la división llamada AC-12, un departamento de la policía que se encarga de investigar a supuestos agentes corruptos. Ya solo con esta premisa, a muchos os sorprenderá, porque, normalmente, en casi todas las series de este género y con tramas parecidas, la sección de asuntos internos (que es lo que vendría a ser este grupo) son considerados los villanos, los malos, o aquellos que pretenden acabar con nuestro/a protagonista favorito/a.

En relación con el punto anterior, destacan notablemente las elecciones llevadas a cabo para interpretar a estos policías corruptos. Cada temporada, el AC-12 investiga a un agente diferente, y han desfilado a lo largo de las seis temporadas que lleva en antena intérpretes de la talla de Thandie Newton (‘Westworld’), Lennie James (‘The Walking Dead’, ‘Fear the Walking Dead)’ o actualmente Kelly Macdonald (‘Trainspotting’, ‘Boardwalk Empire’), que es el último fichaje de la sexta temporada que se está emitiendo estas semanas en el Reino Unido, en la BBC.

La cuestión es que ‘Line of Duty’ no va mostrando a unas cuantas manzanas podridas porque sí. Lo hace para exponer una corrupción sistémica y un entramado perfectamente coordinado que se desarrollará durante toda la serie, y cuyas ramificaciones pueden llegar a abarcar temporadas que creías ya olvidadas. Eventos de la primera entrega son relevantes en las posteriores, y todo está conectado. He visto pocas series con una conciencia clara de todo su conjunto como la británica, con tantos detalles y tan bien medidos, que explotan y se expanden cuando es necesario, y ejecutado todo con la precisión de un reloj suizo.

También quiero advertir una cosa: no esperéis una serie policíaca al uso. No es de las típicas que podemos tener en mente con mucha acción, tiros y explosiones, y persecuciones frenéticas. Se toma su tiempo para crear su trama, te presenta todos los jugadores y los diferentes lados del conflicto, y cuando tiene que acelerar, sube las revoluciones hasta el punto que considere Jed Mercurio, cabeza pensante de la ficción. Eso sí: si pensáis que los interrogatorios son tediosos, anodinos y olvidables, os equivocáis; no abría mi columna con este tipo de escenas sin motivo. Hay veces que estas partes del episodio, aunque duren treinta minutos, parece que duren cinco. ‘Line of Duty’ hace de esta práctica un arte, y no he visto otra que lo haga mejor, porque hace partícipe al espectador de la experiencia que están atravesando tanto el presunto delincuente como el agente de la ley.

En Netflix tenéis sus cuatro primeras entregas, mientras que Movistar Plus tiene los derechos de emisión semanal en nuestro país: en Inglaterra se lanzan en domingo, y el miércoles siguiente los tenemos en España gracias a la plataforma, que además alberga todas las temporadas anteriores. Si tenéis alguno de estos servicios, no lo dudéis, y dadle una oportunidad a una de las mejores series de la actualidad. No volveréis a ver los interrogatorios de la misma manera. Garantizado.

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