Lunes, 22 de julio, 2019  |  

- 14 julio, 2019 -

Casimiro López Llorente. Obispo de la Diocésis Segorbe-Castellón Nos disponemos a celebrar la Fiesta de la Virgen del Carmen, cuya devoción está muy arraigada... Stella maris

Casimiro López Llorente. Obispo de la Diocésis Segorbe-Castellón

Nos disponemos a celebrar la Fiesta de la Virgen del Carmen, cuya devoción está muy arraigada entre nosotros y, sobre todo, en las gentes de la mar, que la tienen y celebran como su patrona.

Se cumplen ahora cuatro años de la creación en nuestra diócesis del Secretariado de Apostolado del Mar; desde hace dos años cuenta con un local con el nombre “Stella Maris-Castellón”, cedido generosamente la Autoridad Portuaria en el distrito marítimo de la capital de La Plana.

La finalidad de este servicio diocesano es llevar la Buena Nueva del mensaje cristiano a todas las personas del mundo de la mar. Quien acoge y vive el Evangelio de Jesús cuida, proclama y defiende con valentía la dignidad humana que a veces es descuidada y conculcada en el mundo del mar. El Apostolado del Mar quiere acoger y acompañar, llevar luz y esperanza a la vida de la gente del mar y ayudar solidariamente a los marineros necesitados y a todas sus familias.

Stella Maris-Castellón quiere ser como “el hogar, lejos del hogar”. Los puertos han sido diseñados para operaciones de carga y descarga, embarque y desembarque, pero con frecuencia se ignoran las necesidades de los tripulantes de los barcos. El marino necesita sentirse persona, comunicarse con su familia, realizar compras, disfrutar de un mínimo tiempo de ocio o tal vez conversar con alguien o recibir un asistencia, social, legal o espiritual. Además este apostolado debe ser también la voz de los sin voz, haciendo oír sus necesidades a la sociedad.

El papa Francisco, en la audiencia a capellanes y voluntarios de Stella Maris de 27.06.2019, les recordaba que su servicio a marineros y pescadores consiste, en primer lugar, en escuchar sus preocupaciones materiales y espirituales para abordar después los problemas que con demasiada frecuencia son el resultado de la codicia humana. “Vuestra presencia en los puertos, tanto grandes como pequeños, -les decía- debería ser en sí misma un recordatorio de la paternidad de Dios y del hecho de que ante Él todos somos hijos y hermanos; una referencia al valor primario de la persona humana antes y por encima de cualquier interés; y un incentivo para todos, comenzando por los más pobres, a esforzarse por la justicia y el respeto de los derechos fundamentales”.

Que la Virgen del Carmen nos proteja a todos y en especial a la gente del mar.

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