Domingo, 9 de agosto, 2020  |  
Crónica de un primer día de playa en las costas de Castellón en la Nueva Normalidad Crónica de un primer día de playa en las costas de Castellón en la Nueva Normalidad

- 7 julio, 2020 -

Las distancias, los pasillos para garantizar la fluidez o los juguetes son algunas de las claves de la realidad post Covid Crónica de un primer día de playa en las costas de Castellón en la Nueva Normalidad

Las distancias de seguridad, los pasillos para garantizar la fluidez o los juguetes de los niños son algunas de las claves para entender la realidad post Covid

El sol calienta unos 32 grados en Madrid, unos 30 grados en Valencia y 28 grados en Castellón. Es un día perfecto para ir a la playa y olvidarse de los problemas después de haber sufrido una pandemia mundial y haber estado tres meses enteros de confinamiento. Las personas tienen ganas de salir y de viajar. Ahora, los comentarios que se pueden escuchar ya no son “Pues nada, aquí estamos, como otro año”. No. Ahora más bien son: “gracias a Dios todos estamos bien”, y da miedo preguntar: “¿Y tu?”. Son 28.388 muertos en España en total, 12 en los últimos días según datos del Ministerio de Sanidad. Pero aunque parece que el coronavirus va remitiendo en España, los ciudadanos están inmersos en esa ‘Nueva Normalidad’ de la que tanto escuchan hablar.  Y la Nueva Normalidad de las playas no es una excepción. 

Tàrsila Galdón/Castellón Información

Una vez llegas a la playa de la Concha (Oropesa, Castellón), observas que hay bandera amarilla y realizas con el rostro una mueca de fastidio, aunque al menos, no hay bandera roja. Esta playa en concreto no está parcelada, pero el Consistorio ha creado como una especie de pasillos de entrada y salida para garantizar el acceso fluido al litoral. Al principio no se entiende mucho y supones cómo se accede a la playa o también, imitas lo que otros hacen. Después, buscas un poco perdida a esos informadores contratados por Generalitat.  

Playa la Concha Oorpesa

En la Comunidad Valenciana, Conselleria ha contratado un total 1.000 informadores para las playas. O más bien, auxiliares por el plan de contingencia en las playas. Pero no los ves porque en realidad, hay pocos para toda la costa. Con cierto encogimiento de hombros buscas tu sitio, tratando de respetar las distancias de seguridad. Marisol Saz es de Teruel y asegura que nadie les ha indicado dónde tenían que ir, simplemente se han puesto: “las personas en general respetan las distancias”.

Saz y su marido, Manolo Julián, disfrutan de su día de playa dando un aprobado general a las personas, ya que todos respetan más o menos las medidas de seguridad. ¿Cuáles son estas medidas? Pues mantener la distancia social, sobretodo. Además, los niños deben evitar entrar con juguetes. Lo que más les preocupa a esta pareja son los meses de agosto, ya que son meses en los que se espera una llegada más masiva de gente. El sitio, en este sentido puede convertirse en un bien preciado: “nos tocará bajar a las nueve de la mañana”, comentan también una madre y su hija que ya les ha tocado estar un poco más lejos de la costa. 

Una vez encuentras tu sitio, pues nada, la playa ofrece toda clase de actividades. Pero eso sí, antes debe ir la crema por todo el cuerpo. Después, tal vez, dejas que el sol te acaricie la piel y dentro de lo que cabe, aprecias esta Nueva Normalidad que te permite poder disfrutar de la playa. De hecho,  Marisol Saz asegura que prefiere esta Nueva Normalidad porque antes todos “estábamos apelotonados, ahora hay aire entre nosotros”. También le da un aprobado a los informadores de la Generalitat, que se preocupan por mantener el orden en las playas. 

Informadors Generalitat

“Aunque sólo informan”, se queja una de las vecinas que no ha querido dar su nombre: “El otro día hubo una pelea porque un hombre no respetaba las distancias de seguridad”. Los informadores sólo tienen afán informador, que no sancionador y algunas personas, son, evidentemente, algo intransigentes. Una vez tomas el sol, decides pasear por la playa para poder gozar de las vistas que sólo el mar Mediterráneo te puede dar y de forma totalmente espontánea te das cuenta que las personas han originado dos pasillos. 

Hacia un sentido, las personas se alejan un poco de la costa y hacia el otro sentido, las personas pasean a la orilla, dejando que sus pies sean acariciados por el agua. Sonríes cuando ves a los niños correr hacia el agua, rompiendo esa casi estudiada organización y tu sonrisa se ensancha un poco más cuando por detrás escuchas un grito: “¡Cuidado, que hay personas!”, suena la voz fastidiada y algo desesperada de la madre que viene detrás. Los pequeños este año deberán evitar llevar sus juguetes y si lo hacen, estos deben estar desinfectados (según recomendaciones de la Generalitat).

Son las doce del mediodía y tu estómago empieza rugir y de nuevo, no entiendes a las personas que se pueden quedar hasta las 3 de la tarde en la playa. Otro de los cambios de la Nueva Normalidad: no hay ni lavapiés ni duchas, por lo que la arena acompaña hasta casa. Una vez vuelves al paso marítimo respetando en todo momento los pasillos, ves a lo lejos una campaña de Cruz Roja. Elba López es voluntaria en Cruz Roja y explica que se dedican a recordar a la gente que tienen que llevar mascarilla e indicar por dónde se puede entrar.

Cruz Roja Oroepsa

Si alguien se acerca explicando que es su primer día de playa, en Cruz Roja les otorgan unos folletos para explicar cómo funcionan ahora las playas. Además, también explican los carteles que hay dispuestos a lo largo de la costa de la Concha para poder ejemplificar visualmente sus indicaciones. Y poco más, su labor, más que nada, es informativa ante aquella persona en su primer día de playa.

Una vez vuelves a casa sientes que sí, que has ido a la playa y todo es normal. Pero una pequeña parte de tu cerebro te recuerda que ya nada es normal. Porque han muerto muchas personas, porque aún no hemos terminado esta lucha contra la Covid y la inquietud sigue ahí, latente. Al fin y al cabo, antes mirábamos con cierta gracia cómo los habitante de China llevaban mascarilla a todos los lados: “Serán exagerados”, decíamos. Y ¿ahora? Ahora miramos mal a toda persona que se le ocurra salir de casa sin su mascarilla.

 

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