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- 25 octubre, 2019 -

José Antonio Rodríguez. Asesor fiscal. Alaska, la inefable cantante, presentadora, actriz incluso, nos hizo llegar con su “a quien le importa”, un aire fresco... ¿A quien le importa?

José Antonio Rodríguez. Asesor fiscal.

Alaska, la inefable cantante, presentadora, actriz incluso, nos hizo llegar con su “a quien le importa”, un aire fresco a los españoles, pues nos hablaba de permisividad, de tolerancia, de capacidad de decidir, de libertad al fin, esa que los españoles nos hemos ido ganando día a día, año a año y con la madurez deseada por muchos de nuestros socios y vecinos europeos.

No he podido evitar acordarme de Alaska hoy tras el empacho de información, más que saturación, que el traslado de los restos de Francisco Franco nos ha generado.

A los políticos de Francia, Italia y mucho menos a los de Austria o Alemania se les ha ocurrido hacer lo equivalente en mayor o menor grado de importancia, en sus países respectivos, probablemente porque ellos si han pasado página, de verdad.

Dicen los que saben que Carmen Polo no quiso en ningún momento que fuera enterrado su marido en El Valle de los Caídos, sino en el Pardo, pero los prebostes del Régimen no le hicieron caso y claro, los errores se pagan.

También dicen que no tenía mucho sentido reposar en un lugar destinado a honrar a los muertos, de ambos bandos, de la peor de las guerras: la fratricida, quien no murió en la batalla, sino treinta y ocho años después de haber finalizado la contienda.

Malas lenguas atribuyen a Zapatero rencor, insidia y poner en la palestra asuntos que restañaban únicamente heridas de venganza, gente sin criterio, con resquemor y malpensados, seguro.

También vocean sus seguidores que el mejor estratega político de la última década, Pedro Sanchez, ha querido utilizar esta exhumación como guiño a un sector de su partido cercano a Podemos.

Ahora bien, de verdad, de un modo reflexivo, sincero, sin tapujos, a usted, querido lector, al igual que a mi, el lugar donde yaciera el dictador, nos da exactamente igual.

La grandeza de nuestro pueblo, de los españoles, es inmensa; somos capaces de olvidar, de perdonar, de reencontrarnos y de entender que no sirve de nada conducir mirando por el espejo retrovisor, y lo realmente significativo es que lo incorporamos en nuestro modo de vivir y de proceder, en nuestra convivencia diaria, y eso es así, por mucho que a nostálgicos de un bando u otro les pese, pues cualquier tiempo pasado no fue mejor, y de eso sabemos un poco.

Todo lo anterior solo conduce en buena lógica a pensar, si hay algún español de pro al que le haya quitado el sueño, perjudicado o mejorado la convivencia con sus vecinos, compañeros de trabajo o superadas las listas de espera en la sanidad? Seguro que no.

Querida Alaska, al final si nos importa lo que hayan hecho, pues nos molesta el despliegue de medios de todo tipo, que solo nos ha costado 60.000 euros, y pretenden que nos lo creamos; si nos importa que los datos del paro sean malos, que lo de Catalunya no se solucione, que a los del Procés les digan que en Navidad los turrones en casa, y que nos condiciones nuestras libertades,con políticos que quieren que habemos una lengua que no es la nuestra y eduquemos a nuestros hijos en una escuela de pensamiento único, que no es el nuestro.

Todo eso , si nos importa.

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