Sábado, 15 de diciembre, 2018  |  

- 7 mayo, 2018 -

Jorge Fuentes. Embajador de España. Muchos políticos de mi generación y también más jóvenes, suelen incluir en sus currículums el hecho de que en... Mayo del 68, 50 años después

Jorge Fuentes. Embajador de España.

Muchos políticos de mi generación y también más jóvenes, suelen incluir en sus currículums el hecho de que en Mayo de 1968 se encontraban en París y participaron activamente en la revolución estudiantil y obrera que estalló por entonces en la capital de Francia y desplegó su eco por el mundo entero.

Tengo la impresión de que muchos de ellos mentían y que con ese dato biográfico intentaban dar un toque “progre” a unos expedientes más bien sosos y conservadores.

Puedo asegurarles que yo sí que residí durante todo el año 1968 en París. Por entonces me había licenciado en Ciencias Políticas y Económicas en la Complutense de Madrid y en Derecho en Salamanca. Con el objetivo de preparar los idiomas con miras a ingresar en la Carrera Diplomática, me desplacé a Londres en 1966 y posteriormente a Paris en 1968 ya que el dominio del inglés y el francés era, y sigue siendo, preceptivo en la oposición.

Eran los años de los Beatles, de la minifalda y de Mary Quant en Inglaterra y los tiempos contestatarios y revolucionarios de Nanterre, de la Cinemathèque y del Quartier Latin.

Yo estudiaba por entonces en La Sorbonne emplazada en el corazón de las barricadas y experimenté, con quien entonces era mi novia y luego mi mujer, las cargas de la policía francesa -la CRS, a quien los ‘enrages’ anarquistas insultaban al grito de “CRS=SS”- con apasionamiento e ingenuidad. Todo empezó con la huelga de un centenar de estudiantes de Nanterre a la que se sumaron miles de obreros reivindicativos.

La revolución triunfó solo a medias. De Gaulle tuvo que dimitir y verse sustituido por Pompidou pero ni nació un partido político fuerte, ni lograron despuntar figuras que luego harían carrera política. En realidad la única figura memorable es el alemán Daniel Cohn Bandit, portavoz de los estudiantes y apodado Dany le Rouge quien fue durante décadas europarlamentario. Es curioso que en estos días desaconseja vivamente a Macron que se ponga al frente de manifestaciones y celebraciones del aniversario, entre otras razones porque a pesar de las frecuentes huelgas actuales (de ferroviarios, de transporte aéreo etc) la situación hoy no tiene nada que ver con el ambiente existente hace medio siglo. Y a Macron no le conviene en modo alguno, enfrentar grandes movilizaciones sociales.

Siempre me he sentido orgulloso de haber participado en aquella revolución, en los encierros en el teatro Odeon dirigido por el famoso duo Barrault-Renaud, que en sustitución de la función suspendida, se dirigían cada día a los jóvenes allí reunidos; recuerdo nuestras carreras por los Bulevares Saint Germain y Saint Michel, entre las barricadas, las reuniones en La Sorbona que pronto clausuró el curso. Debe ser un orgullo impregnado con la nostalgia de la juventud.

Y sin embargo, cuando lo miro con la perspectiva actual veo que si a algo se parece el Mayo francés es a los indignados del 15-M español. La gran diferencia es que el movimiento en España arrancó de los desfavorecidos del pueblo y un grupo de profesores ayudantes se puso a su frente financiándose con fondos venidos de países poco legitimados como Irán y Venezuela. Por el contrario, el Mayo francés arrancó de la Universidad a la que luego se sumaron los obreros.

A decir verdad a los indignados españoles, políticamente hablando, les ha ido bastante mejor que a los ‘enrages’ franceses, si no que se lo pregunten a Iglesias Turrión y a sus ‘podemitas’.

Me confieso gran admirador de Francia, de su cultura y su arte. Mucho menos de la Revolución Francesa y muchas de sus consecuencias. Tampoco me gusta la letra sangrienta de ‘La Marsellesa’. Calibrando mi pasada simpatía por el Mayo francés y mi escasísimo entusiasmo por lo que representa Podemos, llego a la conclusión de que quien no es al menos un poco de izquierdas en su juventud es que no tiene corazón; pero quien no es un poco de derechas en su madurez es que no tiene cabeza.

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