Miércoles, 21 de agosto, 2019  |  

- 5 mayo, 2019 -

Casimiro López Llorente. Obispo de la Diocésis Segorbe-Castellón. En Mayo, mes dedicado a la Virgen María, podemos contemplarla como “mujer eucarística” (san Juan Pablo... María, mujer eucarística

Casimiro López Llorente. Obispo de la Diocésis Segorbe-Castellón.

En Mayo, mes dedicado a la Virgen María, podemos contemplarla como “mujer eucarística” (san Juan Pablo II): la Virgen nos enseñará a creer, celebrar, amar, adorar y vivir la Eucaristía. Lo importante de la relación de María con la Eucaristía es su actitud interior y el hecho de que María está de algún modo presente en cada Eucaristía.

María nos enseña a creer en el misterio de la fe de la Eucaristía. Ella creyó que el niño concebido en su seno virginal por obra del Espíritu Santo era el Hijo de Dios; a nosotros se nos pide creer que el mismo Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, se hace presente con todo su ser humano-divino en las especies del pan y del vino. María dijo hágase; a nosotros se nos pide decir amén, así lo creo, al recibir el Cuerpo de Cristo. Cuando el sacerdote, cumpliendo con el mandato de Jesús, repite sus palabras en la Última Cena, acoge al mismo tiempo la invitación de María a obedecerle sin titubeos: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2, 5). Como en las bodas de Caná, María nos dice: “No dudéis, fiaros de la Palabra de mi Hijo”.

En su visita a Isabel, María lleva ya en su seno al Hijo de Dios y se convierte, de algún modo, en el primer Sagrario y la primera misionera: María lleva a su Hijo al encuentro con Isabel. Recibir a Jesús en la Eucaristía y su adoración en el Sagrario, nos impulsa como a la Virgen a salir y llevar a otros al encuentro con el Señor. María vivió la dimensión sacrificial propia de la Eucaristía en toda su vida; la profecía de Simeón prefigura el dolor de María al pie de la cruz; toda su vida fue “una eucaristía anticipada” y nos enseña a hacer de nuestra vida una ofrenda permanente a Dios y a los hombres.

En la Eucaristía se hacen presentes también las palabras a María y a Juan: “He aquí a tu Hijo y he aquí a tu Madre”.Vivir la Eucaristía implica recibir, como Juan, a María como Madre: ella nos enseña a vivir unidos a Cristo como ella y a dejarnos acompañar por ella para conformarnos con Cristo y ser sus discípulos misioneros. Igualmente, la comunidad cristiana en cada Eucaristía hace suyas las palabras de Magnificat y da gracias a Dios por el Misterio Pascual, la muerte y resurrección de Jesús hasta que el vuelva al final de los tiempos.

En la escuela de María, mujer eucarística, aprendemos en verdad a celebrar y vivir mejor la Eucaristía.

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