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- 26 julio, 2019 -

Jorge Fuentes. Embajador de España. No quiero exagerar: el espectáculo que presenciamos en los últimos días en el fallido intento de investidura del candidato... Investidura fallida

Jorge Fuentes. Embajador de España.

No quiero exagerar: el espectáculo que presenciamos en los últimos días en el fallido intento de investidura del candidato Sánchez fue poco edificante pero ni era imprevisible, ni era inédito.

Era previsible porque cada protagonista actuó como nos tiene acostumbrados. Sánchez hizo un alarde de soberbia y nos colocó un “rollo” de dos horas plagado de lugares comunes, dando por descontado que nadie se desmarcaría de aquel proyecto encantador de una España inexistente en que los recursos serian ilimitados. ¿Será por dinero?

El otro protagonista de las jornadas -Iglesias- estuvo contundente en la breve intervención dé la primera jornada y deplorable en la segunda, mendigando puestos en el Gabinete y exigiendo a la manera de los mafiosos de El Padrino, un respeto para su formación, un respeto que pocos le tienen en España.

El resto de los participantes fueron comparsas con mayor (Casado) o menor altura (Rivera), con meritorio debut en la Cámara (Abascal), con cambio de estilo (Rufián) pero en conjunto representando una función “dejà vu” en las Cortes.

Que el bipartidismo está en horas bajas es un fenómeno evidente en España y en otras muchas partes del mundo con la excepción de países como Estados Unidos con una sólida tradición bipartidista o de Rusia y China en que sus regímenes siguen siendo totalitarios.

La aparición de una pléyade de partidos en casi todas las democracias europeas cierra el paso a mayorías absolutas y prolongan el tiempo necesario para alcanzar unos pactos que permitan la gobernabilidad. Así ha sido en Alemania, en Suecia, en Bélgica, en Italia, Francia etc.

El resultado no siempre ha sido satisfactorio. En ocasiones se ha logrado evitar el acceso al ejecutivo de fuerzas radicales xenófobas y anti europeas, como fue el caso en Alemania y Suecia. En otro caso -Italia- se procedió a un pacto delirante entre los dos extremos de derecha (la Liga) y de izquierda (Movimiento 5 estrellas). Algunos países como Portugal o Dinamarca pudieron alcanzar un pacto de gobierno con cierta facilidad.

En España se han dado dos fenómenos simultáneos e interesantes: uno fue el triunfo (modesto, con 123 escaños) del PSOE, en un momento en que en la mayor parte de Europa la socialdemocracia casi desaparecía del mapa.
El segundo fenómeno era el intento del PSOE de pactar con la ultraizquierda comunista formando una coalición que hubiera disgustado a Bruselas tanto o más como la entrada de ciertas derechas.

La impericia de Sánchez e Iglesias explica el deplorable espectáculo que hemos presenciado en directo entre los días 22 y 25. Esperar desde el 28 de Abril para pactar en 48 horas un reparto de carteras ministeriales entre los “socios preferentes”, no es serio ni aceptable, sabiendo por añadidura que a esa alianza insuficiente había que sumar varios votos adicionales de independentistas catalanes y vascos, de republicanos y de terroristas reciclados. Un equipo Frankenstein que pudo sumarse para derribar a Rajoy pero que, afortunadamente, carece de alma para formar un gobierno.

Quedan dos meses para intentar reconstruir ese rompecabezas. Confío por el bien de España que no encuentren todas las piezas aunque me temo lo peor porque ni siquiera unas elecciones nuevas nos sacarían del impasse.
A menos que las tres derechas que en el 28-A recibieron más votos que las izquierdas, sepan organizarse para capitalizar mejor el respaldo nacional. Cualquier otra solución -una gran coalición PSOE-PP, un acuerdo PSOE-Ciudadanos- parece improbable después de lo que hemos visto y oído días atrás.

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  • Como era de prever, Felipe VI, después de entrevistarse con la Presidente del Congreso de los Diputados, ha decidido no comenzar una nueva ronda de consultas con los lideres de los partidos políticos dejándoles un margen de reflexión antes de encargar a ninguno de ellos el intento de formación de gobierno.
    Y es que, una investidura fallida debilita al candidato. Pero también lo hace al Jefe del Estado.

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