Domingo, 23 de septiembre, 2018  |  

- 28 agosto, 2018 -

Jorge Fuentes. Embajador de España. Nací en Valencia en la década de los cuarenta del siglo pasado. Los treintaytantos años transcurridos hasta 1975 fueron... Franco
Jorge Fuentes. Embajador de España.
Nací en Valencia en la década de los cuarenta del siglo pasado. Los treintaytantos años transcurridos hasta 1975 fueron cruciales en mi vida. En ellos estudié el Bachillerato en el colegio de los Dominicos, hice el servicio militar en el cuartel de Ingenieros transmisores de mi ciudad y realicé mis estudios universitarios en Madrid, Salamanca, Londres y París.
Fueron aquellos años, sobre todo los primeros, los del racionamiento, del pan negro, de las aduanas interiores y los fielatos. Los años del estraperlo, palabro formado por aglutinación de lo apellidos de sus tres “inventores”, los judios centroeuropeos Strauss, Pearl y Loman.
España no era por entonces una democracia pero la mayoría de la gente ni lo sabía. Solo los más motivados, algunos universitarios, la ‘intelligentsia’ y algunos ‘viajados’ notábamos las diferencias entre nuestro terruño y el extranjero.
Pero no se vivía nada mal en España. Yo tuve una infancia y juventud feliz, sin frustraciones. Participé en asambleas universitarias de protesta, corrí ante los grises por las alamedas de la ciudad universitaria de Madrid. Tuve la suerte de que aquello no me llevara a ser expedientado ni encarcelado.
La vida en España era tranquila e incluso próspera. Empezaban a llegar turistas atraídos por nuestro clima y gran seguridad. No teníamos iPhones, ni iPads, ni súper teles, ni viajes a Extremo Oriente, ni lujosos coches, pero ni falta que nos hacía. Con el 600 y el R-4 íbamos que chutabamos.
Teníamos amigos reales y no virtuales como ahora. Eramos dichosos no solo porque éramos jóvenes sino porque no teníamos grandes traumas. Nuestros padres no estaban divorciados, nuestros amigos no se comían el coco sobre su género y sobre si en breve deberían optar por cambiar de sexo. El sistema nos proporcionaba suficiente tranquilidad y seguridad para callejear y viajar sin miedo a ser robados o secuestrados.
He olvidado decirles que aquella época era la de la oprobiosa dictadura, la del tirano Franco. Pues en sus últimos estertores yo ingresé en la Carrera Diplomática sin enchufes, sin ser hijo de Embajador, ni de Político o Falangista, ni de Grande de España, sino de un ingeniero que perdí demasiado pronto y del que estoy orgulloso.                
Como todos los diplomáticos y otros altos funcionarios del Estado, cuando quise casarme, mi mujer, ciudadana polaca, país miembro del Pacto de Varsovia, tuvo que obtener un visto bueno que la España franquista y retrograda emitió sin la menor dificultad, como si se hubiera tratado de una muchachita de Valladolid.
Claro es que a los encarcelados, los represaliados, a las víctimas les fue mucho peor. Tan mal como les había ido a los perseguidos, encarcelados y asesinados en el periodo del Frente Popular. Paracuellos y las cunetas son las dos vergüenzas simétricas de aquellos tiempos. Nuestros padres y abuelos sufrieron las iras de un bando y otro.
Creíamos que la transición de los años de Suárez y González habían ajustado las cuentas y resuelto la reconciliación. Ahora resulta que no, que la Historia, esa ciencia casi perfecta, debe resolverse sobre la base de la facultad humana menos científica: la memoria,
Y resulta que no habrá reconciliación si no se exhuma a Franco del Valle de los Caídos. Esto  se va a convertir en el cuento de nunca acabar. Hace pocos años se votó el tema en el Congreso, ahora hay que recurrir a un decretazo. Veremos que ocurre en una década. ¿Vamos a tener que pasear los huesos de Franco eternamente?
Lo mejor sería cerrar la cuestión lo antes posible, definitivamente y quitar a Sánchez el juguete con el que distrae la atención de sus muchos errores e infamias, con el que moja la oreja al socialismo de Felipe, con el que no se deja rebasar por la izquierda podemita y con el que intenta desacreditar al incipiente nuevo PP y al declinante Ciudadanos.
¡Bingo! Si Franco no hubiera existido, los de Sánchez lo habrían tenido que inventar.
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  • Excelente articulo, pero estos progresistas son unos retrogradas, que bajo la excusa de la ley de memoria histórica , quieren manipular la historia contando solo los males franquistas, pero no los de los republicanos y sus maquis terroristas de los montes , estos novatos no tienen y perdon por la expresión ni puta idea , porque no han tenido que orinar al orinal, defecar al comu en las galerias a cluquillas y limpiarse con papel de periodico, no han guisado con leña, serrin , petroleo y luego gas, no han puesto al fresco en unc cuarto de barra de hilo en una nevera pinguino, y no reconocen que la seguridad social la red de hospitales, pantanos , carreteras , pisos de protección oficial, completos salariales al sueldo semanal de los trabajadores por esposa e hijos , como muchisimas mas cosas las hizo Franco, que si daba hostias a tuti plen quien se metia en politica contraria al régimen, pero ahora no nos dan hostias, si no que nos imponen los que le da la gana y son mas dictadores que los franquistas , ademas han robado muchisimo mas que lo que costaba los collares de Carmen Polo, y todo eso porque los ineptos como el Presidente actual se deberia de callar cuando su abuelo compañero de Franco hizo lo que hizo en Andalucia camino de Extremadura, ese señor donde este enterrado no merece estar en el mismo sitio que el resto de difuntos, y que aprendan de los Franceses, Napoleon general militar invasor , asesino, violador de Europa y parte de America es venerado en Francia, y en Francia su bandera y su himno esta por encima de los catalanes del antiguo Rosellon, hoy Occitania, Bretones Normandos Corsos etc , y si todos los impuestos que pagan los franceses no tienen color con España, ya quisieran que su tan prestigioso Tren de alta velocidad, se pareciese no al Ave si no al Alaris, Si estos progresistas tuviesen dignidad, honradez y sentido común las cosas serian mucho mejor, pero solo piensan egoístamente en gastarse dinero como por ejemplo en imponer el valenciano, que no sirve para absolutamente nada, gracias al Español se puede ir fuera de España, Muy bueno y incluso demasiado moderado se nota la clase diplomatica. un saludo.

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  • Sencillamente, FELICIDADES. Un pedazo de Memoria Histórica de la de verdad, de la que vivimos muchos españoles en nuestras vidas.
    Me enorgullezco de poder poder disfrutar con la amistad de una pluma tan lúcida como la tuya

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  • Un excelente análisis histórico de los últimos setenta años.
    El problema es que la mayoría de los que ahora dirigen nuestra política, ni vivieron todo lo que explicas ni se han preocupado de estudiar la Historia Real y están intoxicados por una Historia Desmemoriada, que solo se acuerda de los errores de los demás olvidando todas sus atrocidades.

    Como bien dices tu ¿ de que va a vivir este Ilustre mentecato que tenemos como Presidente del Gobierno cuando se le acabe el “juguete de Franco”?

    Seguramente no habla de sacar a Jose Antonio, para seguir tocando las narices después, porque queda muy lejos de su capacidad moral, ética e intelectual hacer algo provechoso para mejorar las condiciones de vida de los españoles y por eso este “bufanubols” hace lo único que sabe hacer.

    HACE REIR COMO LOS PAYASOS.

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  • Gracias por vuestros comentarios, queridos Federico, Luis y Miguel. Soy yo quien se honra con vuestra amistad.
    Es verdad que me he quedado corto. Podría haber insistido en que en 1975 España estaba en condiciones económicas para ingresar casi directamente en la CEE y si tuvo que esperar 11 años fue una vez más por razones políticas pues se quería estar seguros de que no habría marcha atras.
    El gran milagro de aquella era es que aquel régimen consiguió hacer pantanos, carreteras y otras infraestructuras que perduran con unas cargas impositivas ridículamente. De donde sacaba el dinero Franco?
    Cabría hablar y no parar!

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  • Cargas impositivas ridículamente bajas

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