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- 9 agosto, 2018 -

Enrique Domínguez. Economista. ¿Son necesarias nuevas modalidades de impuestos o ya han demasiados? ¿Se impone adaptar los impuestos al momento económico o no es... Demasiados interrogantes

Enrique Domínguez. Economista.

¿Son necesarias nuevas modalidades de impuestos o ya han demasiados? ¿Se impone adaptar los impuestos al momento económico o no es necesario? El creciente desarrollo de las nuevas tecnologías, ¿puede implicar la necesidad de adaptar los impuestos o no hace falta? La cada vez mayor robotización de los procesos de producción, ¿hará necesario pensar en nuevos impuestos o ya es necesario hacerlo creando, por ejemplo, un impuesto según el número de robots o similares?

¿Es lógico que una persona pague más o menos impuestos según los asesores de que disponga? ¿Es ético primar al que conoce todos los vericuetos de las leyes para eludirlas o pagar menos? ¿Debe una sociedad pagar un mayor porcentaje sobre sus beneficios que una gran corporación?; ¿no debería ser al revés?

¿Tenemos el sistema fiscal que nos merecemos o debería modificarse corrigiendo las excesivas deducciones, bonificaciones y exenciones que tienen algunos de ellos? ¿Hay la suficiente transparencia para que el ciudadano sepa en qué se invierten sus impuestos o estamos fomentando el fraude ante la falta de la suficiente transparencia o, lo que es peor, de la creciente corrupción y las diversas corruptelas existentes?

¿Seremos capaces de dotarnos del régimen fiscal que precisamos o consensuar esto es prácticamente imposible? La falta de una actuación global al nivel de la UE, ¿puede hacer que determinados impuestos pierdan gran parte de su utilidad si son aplicados solamente por uno o pocos países como el impuesto a la banca y a las empresas tecnológicas? A pesar de ello, ¿hay o no hay que implantarlo?

Los expertos señalan que el sistema fiscal español tiene una presión fiscal bastante por debajo de la media de la UE, que su problema no es de gasto sino de ingreso; que no es capaz de recaudar todo lo que podría; que no tiene el suficiente personal para combatir las grandes bolsas de fraude.

Los ciudadanos, ¿tenemos la suficiente conciencia fiscal para reconocer que es un deber contribuir a los gastos del Estado con los impuestos? Y, al mismo tiempo, ¿somos capaces de exigir un detalle exhaustivo del destino de esos impuestos? ¿Tenemos las leyes adecuadas para poder hablar e interpelar cuando queramos a nuestros representantes sobre sus promesas o como sociedad civil solamente hablamos algo de cara a las elecciones? ¿Somos participativos o mesinfotistas? ¿Creemos que hay que seguir aplaudiendo los alardes de los defraudadores y continuar defraudando si se puede? ¿Creen ustedes que es ético que el fraude en España alcance más de una quinta parte del PIB? ¿Son conscientes de lo que se podría hacer con un nivel de fraude sólo del 10%? ¿Saben que solamente en el IRPF los beneficios fiscales permiten que se escapen cada año legalmente más de cincuenta mil millones de euros? ¿Qué opinan de esto los que solo tienen una pensión o una nómina y no se pueden escapar?

¿Criticamos cualquier propuesta simplemente porque la hace un partido distinto al nuestro o somos capaces de analizar, debatir y, si es necesario, consensuar, su contenido? Si los expertos dicen que el diesel es más contaminante que la gasolina, si la UE también lo piensa, si sabemos cómo el CO2 afecta al cambio climático, ¿Debería aplicarse un cierto impuesto a este tipo de carburante lo proponga quien lo proponga? Entonces ¿por qué no aceptar un impuesto sobre ese carburante, aunque hasta ahora se nos decía que era mejor que la gasolina?

Si una empresa, por su posición de dominio es capaz de trasladar a sus clientes los impuestos que pueda percibir bajo cualquier forma de tasa o servicio, ¿se debe tolerar?, ¿hemos de aceptarlo por si se va del país al exigirle que no lo traslade?

En resumen, ¿nos interesa el entorno en que vivimos, nuestros problemas como colectivo o solo pensamos en nosotros mismos y no nos importan para nada los conciudadanos? ¿Criticamos por criticar? Aceptamos sin pestañear las consignas del partido, sin dar nuestra opinión, por si acaso, o ¿somos realmente personas que piensan y no un simple número a la hora de votar?

Apliquen esta reflexión a las propuestas fiscales del nuevo gobierno y piensen, debatan, razonen. Pero, por favor, no las acepten o rechacen simplemente por sus convicciones políticas. Tengan miras más altas. Sean personas que piensan y luego deciden, no personas que solo acatan y aceptan.

Demasiados interrogantes. Pero es importante que usted tenga una respuesta para ellos.

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