Sábado, 25 de noviembre, 2017  |  

- 6 noviembre, 2017 -

Rafa Cerdá. Abogado. Ya tenemos República. Por la puerta de atrás y declarada a través de una moción parlamentaria, en cuya sede medio hemiciclo... La República y el borreguito

Rafa Cerdá. Abogado.

Ya tenemos República. Por la puerta de atrás y declarada a través de una moción parlamentaria, en cuya sede medio hemiciclo se ausentó del ‘acto democrático’ perpetrado con una prístina estupidez. Ha leído bien: estupidez. La Declaración Unilateral de Independencia lanzada al mundo entero por la mayoría de Puigdemont al mundo entero, ha constituido una Cataluña independiente en forma de República. El resto, problema de los españoles, tan autoritarios ellos.

Pues va ser que no: el bostezo de ignorancia con el que ha obsequiado la práctica totalidad de la Comunidad Internacional a la patraña soberanista ha sido prácticamente unánime. Los mecanismos de respuesta constitucional a través de la aplicación del artículo 155 (sostenido por ocho de cada diez senadores) se aplicaron con una contundencia rápida y sin ambigüedades.

Y todo ello sin que Cataluña se haya quebrado, es cierto que las movilizaciones callejeras de corte independentistas obtuvieron una rápida respuesta, con la participación de miles de personas. Pero no deja de ser menos cierto que la ruptura de un Estado con siglos de Historia a sus espaldas no debe dejarse al arbitrio de quienes reniegan de su existencia. España y sus instituciones debían responder con el Estado de Derecho frente a aquellos que deseaban confundir su derecho a un Estado; cuestión bien diferente.

El tiempo de la política se ha trasladado al puro juego electoral, unas nuevas elecciones al Parlamento de Cataluña fueron instantáneamente convocadas el mismo día que el Consejo de Ministros procedió a implementar las medidas de intervención provisionales frente a una administración catalana situada fuera del juego de la ley. Los miembros de un Consell rebelde se han visto sometidos a los parámetros de la justicia, y ésta ha decidido su ingreso en prisión.

Bueno parte de ellos, el President destituido lía la perdiz en Bruselas buscando una caja de resonancia que, excepto a los suyos, no importará a nadie a medio plazo. Cuando el ex Molt Honorable decida someterse a la justicia, tendrá el mismo tratamiento que el resto de ciudadanos que incumplen la ley. No mientan aquellos que falsean la realidad hablando de presos políticos. Sencillamente se trata de políticos que se convierten en presos por su conducta contraria a la ley.

Tiempos difíciles que prometen escenarios más que interesantes. Un problema territorial que puede (y debe) dar paso a una solución si consigue transformarse por parte de los grandes partidos en el principal reto del futuro: el modo de construir una nueva arquitectura de convivencia entre todas las comunidades españolas.

Mientras tanto, la República Catalana me recordó a aquel anuncio de televisión tan entrañable, protagonizado por un borreguito blanquito y taaaan tierno, alabando las virtudes de un suavizante para la ropa (el de Norit ¿se acuerdan?). Así blanquita como un borreguito, tan tierna y efímera como el aroma de un suavizante ha pasado a la pequeña historia una República que no alcanza ni la categoría de anécdota. Problema: demasiados borregos en el horizonte, pero esta ya es otra historia.

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