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- 11 marzo, 2019 -

Rafa Cerdá. Abogado. Si no la ha visto, anótela entre sus obligaciones cinematográficas. El título de este artículo, copia al de una deliciosa e... Sexo, mentiras y cintas de video

Rafa Cerdá. Abogado.

Si no la ha visto, anótela entre sus obligaciones cinematográficas. El título de este artículo, copia al de una deliciosa e irreverente comedia de finales de los años ochenta del pasado siglo, en la que se narra las singulares andanzas de un joven matrimonio en apariencia bien asentado. Pura fachada. En cuanto se rasca un poco, los protagonistas, para que me entienda, la lían parda. La adicción al sexo del marido y la simulada frialdad de la bella protagonista, da pie a una historia retorcida como un remolino, con situaciones extrañas, ridículas y casi grotescas. El sexo como excusa para enmascarar una vida plena de falsedad y engaños.

Como la realidad siempre supera a la ficción, esta pasada semana, un indeterminado (pero numeroso) grupo de teléfonos móviles recibían un mensaje de Whatsapp. El mensaje de marras contenía una serie de videos, protagonizados por un odontólogo castellonense con una profesional de la cuestión sanitaria. Muy puestos en la cuestión médica, los dos artistas ejecutaban, armoniosa y acompasadamente, técnicas varias del arte corporal del ‘gustirrininin’. Anatomía pura. No hace falta que comente que el mensaje en cuestión incendió los foros de Whatsapp de la provincia entera, con la retranca que es propia de estos lares.

Parece ser que a los dos afectados se les ha pillado con el carrito del helado, laboral y afectivamente hablando. Uno de ellos, declaró su intención de ejercer sus derechos legales de denuncia por suplantación de imagen, hurto y daños a su imagen y buen nombre. Si esta persona fue víctima de un delito, debe proceder de inmediato a denunciar su comisión ante sede judicial. La intromisión ajena en la esfera de la intimidad personal, con el afán de provocar un daño (la mayoría de las veces irreparable) debe ser atajada de raíz, y la actuación de las autoridades únicamente se obtiene si media denuncia por parte de la víctima.

Aunque dejando al lado las cuestiones jurídicas, ¿tan poco costaba a los interesados tomar las debidas precauciones sobre su propia intimidad? ¿No se es consciente que un material de alto voltaje puede ser objeto de sustracción con la terrible posibilidad de ser divulgado por un desaprensivo? ¿No había más horas para darse una alegría al cuerpo que durante el tiempo de trabajo (y encima en un centro sanitario)?

Cuidado pues, con las grabaciones y las imágenes personales, lo primero siempre es guarecer la propia intimidad; lo segundo, no actuar como un irresponsable (los engaños suelen ser descubiertos y el peligro del despecho es letal), y lo más importante, ser consciente que las nuevas tecnologías entienden poco de respeto y privacidad, y mucho de difusión salvaje e indiscriminada.

Ya lo dijo alguien muy inteligente; los problemas del hombre miden la palma de una mano, que suele ser la distancia que separa el bolsillo y la bragueta. El dinero y la entrepierna. La avaricia y la lujuria. Si es que no aprendemos….

 

 

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