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- 12 marzo, 2017 -

Jorge Fuentes. Embajador de España. En Europa están ocurriendo muchas cosas en estos últimos días. En primer lugar, el presidente de la Comisión, Jean... Europa a la carta

Jorge Fuentes. Embajador de España.

En Europa están ocurriendo muchas cosas en estos últimos días. En primer lugar, el presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, publicó un interesante Libro Blanco en que exponía cinco opciones que se presentaban como solución a los muchos problemas que enfrenta la Unión Europea.

Las cinco opciones se movían entre la más modesta consistente en dar marcha atrás y reducir la Unión al simple Mercado Común con que la CEE inició su andadura, despojándola de todo aditamento político, hasta la más ambiciosa que es convertir la Unión en una Federación o unos Estados Unidos de Europa.

Entre esos dos extremos quedaban otras tres posiciones intermedias: quedarnos como estamos, solución cómoda pero peligrosa pues es evidente que con el formato actual se nos van acumulando problemas sin que encuentren salida.

Otra opción sería avanzar a distintas velocidades, según las posibilidades de cada país, en la convicción de que quienes antes puedan alcanzar la plena integración mejor podrán ayudar a quienes se queden rezagados.

Hay una última posibilidad menos clara y consiste en europeizar solo lo que es europeizable. Es decir, encargar a Bruselas solo las cuestiones que no puedan resolverse a nivel nacional y puedan solucionarse mejor a escala europea.

Pocos días después de que apareciera el Libro Blanco, Francois Hollande, a punto de despedirse del Eliseo, invito a los Primeros Ministros de Alemania, Italia y España a reunirse en Versalles. En realidad el encuentro buscaba alcanzar una postura común de esos cuatro grandes, antes de las Cumbres de los 27 líderes  que tendrían lugar en Bruselas (10 y 11 de Marzo) y en Roma (25/03) para celebrar el 60 aniversario de la firma del Tratado de Roma constitutivo de la Comunidad Económica Europea.

En Versalles, de las cinco vías propuestas por Juncker se optó por la tercera de ellas: una Europa a distintas velocidades, una fórmula que de alguna forma ya se venía aplicando en nuestro club, por ejemplo al aceptar la moneda común solo por 19 de los 27 socios, o también al adoptar el tratado de Schengen para la libre circulación de personas solo por 23 socios, a los que se sumaron Noruega, Suiza e Islandia.

Esa Europa a varias velocidades o a la carta, encontró inmediata reacción en la cumbre de Bruselas en que se pretendía mostrar una gran unidad por ser la primera vez en que la UE iba a reunirse sin el Reino Unido y sin embargo se produjo un gran desencuentro.

En primer lugar por la oposición de Polonia a prolongar el mandato de su compatriota Donald Tusk al frente del Consejo Europeo por dos años y medio más. En esta cuestión, Polonia quedó malparada pues Tusk fue reelegido por la totalidad de los restantes socios. El gobierno de Kaczynski. JF no supo comprender que los altos funcionarios de Bruselas -y Tusk es el más importante de todos ellos- no se encuentran en la capital de Europa para defender los intereses de sus países de origen sino los de la Organización  y el conjunto de sus socios. A Rajoy también le tocó tragarse a Almunia -a la sazón Vicepresidente de la Comisión- cuando el PP ganó las elecciones en 2012 y a nuestro Comisario aun le quedaban  casi dos años de mandato.

Una vez resuelta la nominación de Tusk, los 27 socios se enzarzaron en el espinoso tema de las velocidades.

La idea inicial provenía del eje franco-alemán, fundamental en la construcción europea y que desde 1956 propulsó la CEE como la mejor vía para evitar nuevos choques entre París y Berlín y para evitar que una Europa fragmentada se viera fagotizada por los potentes mercados estadounidense y japonés, y más tarde por las potencias emergentes.

Hollande y Merkel tuvieron la astucia de invitar a Versalles a Italia y España para sumarlos a la iniciativa y evitar se convirtieran en opositores de la misma como lo habían sido en el pasado por miedo a quedarse en la segunda velocidad. Los tres socios del Benelux se sumarán sin duda al proyecto como también lo harán probablemente los otros socios ‘ricos’. Veremos cómo reaccionan Grecia, Irlanda, Portugal, Chipre, Malta etc.

De momento los cuatro de Visegrado (Polonia, Chequia, Eslovaquia y Hungría) del mismo modo que otros vecinos del Sur como Rumania y Bulgaria se han opuesto a la idea temiendo que la UE trace frente a ellos un nuevo telón de acero.

Será interesante ver cómo madura la idea con miras a la Cumbre de Roma el próximo día 25 de Marzo. Lo ideal sería que todos los socios hubiéramos podido avanzar conjuntamente en la construcción  de Europa pero habrá que ser prácticos y hacer comprender a los menos fuertes de la Unión  que también ellos saldrán beneficiados si algunos socios llegan antes a la meta  y desde ella son capaces de ayudarles a avanzar más rápido. Europa no podrá arriesgarse a esperar a que Rumania se ponga al nivel de Alemania.

 

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