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- 5 junio, 2019 -

Jorge Fuentes. Embajador de España. Hace algunos días, al viajar rumbo a Varsovia con las líneas aéreas polacas (LOT) , cayó en mis manos... Vivir y volar

Jorge Fuentes. Embajador de España.

Hace algunos días, al viajar rumbo a Varsovia con las líneas aéreas polacas (LOT) , cayó en mis manos la revista que edita la compañía aérea, ‘Kaleidoskop’. Figuraba en ella un artículo titulado ‘Los amos del espacio’ en que aparecían muchos familiares y amigos de mi mujer, Cristina Leja, una familia estrechamente vinculada a la aviación polaca y a compañía LOT.

El padre de Cristina, Wiktor Leja, ingeniero aeronáutico y naval, reconstruyó la compañía aérea polaca muy diezmada después de la Segunda Guerra Mundial, siendo el primer Director de LOT hasta que Polonia empezó a valorar la fidelidad hacia las directrices soviéticas antes que el conocimiento técnico de la aviación.

PHOTO-2019-06-05-12-47-37Don Wiktor siguió vinculado al sector aéreo durante toda su vida, fue autor de obras importantes sobre la materia y poseía la mejor biblioteca privada de aviación de Polonia, biblioteca que la familia donó al Museo de Técnica tras el fallecimiento del ingeniero. Hasta hoy es consultada por los estudiosos del tema en la sala que lleva el nombre de su creador.

Insufló la pasión por el espacio a su único hijo varón, mi cuñado Ryszard Leja, quien compaginó los estudios de ingeniería con la práctica del vuelo sin motor llegando a ser campeón de su país a los 19 años. Volé no pocas veces con él en mis primeras visitas a Polonia.

Trabajó durante su vida en la compañía PZL dedicada a la fabricación de aviones destinados principalmente a la fumigación agraria, dirigiendo equipos que operaban en el sur de Europa, en Oriente Medio y en África. Llegó a ser Director de la Compañía y socio mayoritario de la misma que finalmente vendió a la firma hermana española CASA, en una operación que incluyó la venta de una flotilla de aviones CASA, al ejército polaco.

De aquellos años sesenta recuerdo a dos personas legendarias que frecuentaban la casa de quienes serían pocos años más tarde, mis queridos suegros. Eran Stanislav Skalski y Klemens Dlugaszewski.

El primero era por entonces Coronel del ejercito del Aire y había luchado en la RAF durante la Segunda Guerra Mundial como miembro de la división aérea polaca que tan decisiva y heroicamente contribuyó a proteger el espacio aéreo británico y a frenar los ataques alemanes.

Al finalizar la guerra, la Polonia comunista no acogió bien a sus héroes de los que sospechaba estaban contaminados por perniciosas ideas occidentales y capitalistas. El Coronel Skalski sufrió no solo el olvido de su gobierno sino que fue incluso encarcelado hasta que en 1989, con la caída del Telón de Acero fue ascendido a General, fue profusamente condecorado y a su muerte, en la entrada de su vivienda, fue colocada una placa conmemorativa evocando sus muchos méritos por la patria. En nuestras frecuentes visitas a Polonia, cruzamos cada día ante esta placa que se encuentra a escasos metros de nuestro actual piso varsoviano.

PHOTO-2019-06-05-14-05-02El último de los cuatro ases de la aviación polaca de los que quiero hablarles hoy es el Capitán Klemens Dlugaszewski, conocido en casa de los Leja como tío Klemens por un estrecho parentesco que unía a ambas familias. El capitán era uno de los protagonistas de la revista ‘Kaleidoskop’, al centrarse ésta en la celebración del récord de navegación aérea alcanzado por Dlugaszewski en 1956 al rebasar un millón de kilómetros de vuelo, un límite muy pocas veces alcanzado en el mundo y que con las nuevas normativas de vuelo, ya será materialmente imposible superar.

El tío Klemens luchó también en la RAF junto a su buen amigo Skalski, pero por no ser militar y por su natural carácter diplomático, al fin de la guerra pudo incorporarse como piloto a la compañía aérea polaca para la que trabajó el resto de su vida.

Fue él quien nos condujo a Cristina y a mi al pie del altar el día de nuestra boda, “pilotando” su antiguo y hermoso automóvil alemán en uno de sus “vuelos”, según él mismo solía repetir, más exitosos de su carrera.

Ninguno de los cuatro protagonistas de esta historia, Don Wiktor, Ryszard, el General Skalski y el tío Klemens, se encuentran ya entre nosotros. Los imagino volando felizmente entre las nubes del cielo, repitiendo el lema de muchos pilotos del mundo “Vivir no es necesario, volar si”.

PS: Esta columna se la dedico a mis buenos amigos españoles cuyos hijos y nietos han escogido la hermosa y vocacional profesión de pilotos del aire.

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  • Precioso articulo en memoria de nuestros queridos pilotos y heroes!

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