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- 22 diciembre, 2018 -

Jorge Fuentes. Embajador de España. La azarosa reunión que el Consejo de Ministros celebró ayer no es ni mucho menos, la primera que tiene... El gabinete volante

Jorge Fuentes. Embajador de España.

La azarosa reunión que el Consejo de Ministros celebró ayer no es ni mucho menos, la primera que tiene lugar desde la implantación de la democracia en España. Todos los Presidentes, excepto Calvo Sotelo y Rajoy, viajaron con sus Gabinetes por distintos rincones del país. Barcelona, Sevilla, La Coruña, Mallorca, Las Palmas de Gran Canaria fueron algunas de las capitales escogidas para albergar las reuniones que discurrieron con normalidad. Don Juan Carlos presidió varios de estos Consejos; Felipe VI no ha considerado oportuno hacerlo.

En principio, desplazar el Gobierno a distintas capitales del país es una buena idea para mostrar que el Gabinete no es solo cosa de una Comunidad -la madrileña- sino de las diecisiete de que se compone España.

Hay, sin embargo, una precondición indispensable para que tal idea funcione correctamente y es que todas las Autonomías del pais se sientan felizmente integradas y bien representadas por el gobierno central. Así era en los primeros años de la transición y así ha seguido siendo en algunos lugares de España hasta el día de hoy. Reunir el Gabinete en Andalucía, en Extremadura, en Castilla o en las Canarias seguiría siendo posible. No me atrevería a ir mucho más allá.

Sin llegar a los extremos en que se desarrolló la reunión de Barcelona de ayer, es probable que en las Comunidades de media España hubiera que presenciar escenas de desafección  y ello no haría sino mostrar urbi et orbi la escasa cohesión de nuestro país.

Lo ocurrido en Barcelona  ha sido escandaloso. Tener que movilizar a diez mil miembros de las fuerzas del orden -casi tantas como los Estados Unidos despliega para controlar Afganistán- significa tener que blindar una ciudad para evitar el linchamiento de nuestro Gabinete y para lograr una reunión rutinaria que igual hubiera podido desarrollarse en Madrid.

La intención de Sánchez era bien clara: había que mostrar al país que el ‘diálogo’ iniciado con Torra meses atrás, seguía en pie y que con tal ‘diálogo’ cabría ir al apaciguamiento y al desmontaje del secesionismo. Había que probar también que el “espíritu” de la moción de censura seguía en pie y que el voto separatista para los presupuestos, se mantenía. Se trataba, en definitiva, de seguir asegurando para Sánchez el alojamiento en la Moncloa y de todos los privilegios inherentes.

Lo que hemos presenciado es todo lo contrario a un ‘diálogo’. Hemos visto una vez más a grupos de violentos intentando -por fortuna inútilmente- invadir el Parlament, la Generalitat, La Lonja y el Palacio de Pedralves. Hemos visto a esa gente agredir, golpear y herir a 30 miembros de las fuerzas del orden, a varios periodistas y a otros españoles de bien.

Hemos presenciado la escenificación de una especie de cumbre entre los presidentes de dos países -España y Cataluña- con todos los ingredientes protocolarios característicos de los encuentros internacionales: banderas, recepción, fotos o himnos, etc.

Hemos visto al Gobierno de España ofrecer al de Cataluña, dádivas que no se ofrecen a otras Autonomías: la rehabilitación del ex President Lluis Campanys, responsable de la muerte de 7.000 españoles , fusilado en 1940; la titulación de El Prat como aeropuerto Josep Tarradellas; la asignación de 112 millones de euros para mejorar las carreteras de Cataluña, etc. Todo lo cual no ha satisfecho las apetencias insaciables del Govern.

Hemos sido testigos, en fin, de cómo nuestra Constitución desaparecía del mapa al verse sustituida por la ‘seguridad jurídica’ como única garantía y límite para que las pretensiones separatistas catalanas pudieran llevarse a cabo.

Blindado por diez mil guardias civiles, policías y mossos -que esta vez se coordinaron bien- Sánchez pudo darse un breve paseo triunfal por el centro de la ciudad haciendo un remedo de normalidad y escenificando que el ‘diálogo’ sigue.

Ese tipo de chalaneo que solo conlleva cesiones de una parte y ningún acercamiento sino pasos adelante del otro lado, no puede llamarse diálogo sino más bien rendición. Por este camino España no va a ningún lado porque estos viajes del Gabinete solo sirven para agraviar al resto del país, vaciar las arcas del Estado y mostrar las miserias de un Gobierno provisional que clama por elecciones con cada decisión que toma.

Espero les haya tocado el Gordo. Feliz Navidad y hasta el año próximo en que esperemos que todo mejore.

 

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