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- 15 mayo, 2019 -

Jorge Fuentes. Embajador de España. En muchas ocasiones les he hablado del extraño complejo que tiene España respecto a los Estados Unidos, un complejo... El amigo americano

Jorge Fuentes. Embajador de España.

En muchas ocasiones les he hablado del extraño complejo que tiene España respecto a los Estados Unidos, un complejo tan ridículo como estéril, que nos hace cometer graves gafes en nuestra política exterior.

Todo arranca -les recuerdo- de la guerra de Cuba, de la pérdida de nuestras últimas colonias (Filipinas, Guam, la propia Cuba y Puerto Rico), de la crisis de 1898, del entrecruce de una potencia ascendente y otra declinante, del apoyo norteamericano al franquismo lo que propició la prolongación de la Dictadura hasta la tranquila muerte de Franco en su lecho en 1975.

España no ha perdido ocasión de incordiar a la superpotencia ya fuera modificando el acuerdo bilateral firmado por Franco y Eisenhower, ofendiendo a la bandera estadounidense o retirando las fuerzas comprometidas en Irak e incitando a otros aliados a que siguieran nuestro ejemplo. Observen que en todos los casos han sido gobiernos socialistas los que han protagonizado los gestos inamistosos hacia los EEUU.

Acaba de producirse otro feo español respecto al amigo americano. La fragata Mendez Nuñez que se sumó en Abril a un grupo de combate americano, como escolta al portaaviones Abraham Lincoln, abandonó la misión al encaminarse el grupo hacia el Golfo Pérsico con destino a las aguas de Irán.

Conviene aclarar que nuestra fragata era el único navío no norteamericano que participaba en la operación lo que supone un gesto de confianza de la potencia naval, del que nuestra marina hubiera podido aprender no pocas lecciones.
Sería necesario conocer cuáles fueron las condiciones de la cooperación, la misión a efectuar y la ruta a seguir. Y saber también si tal misión fue modificada en un momento dado sin consultar a nuestras autoridades de Exteriores y Defensa, en cuyo caso la retirada de la fragata española podría estar justificada.

Aproximarse a aguas iraníes cuando la política de Washington respecto a Teherán es más que tensa y cuando la Unión Europea no comparte las ideas de Trump respecto a Irán, sería poco prudente. En tal caso España habría hecho bien en retirarse y aun mejor en no meterse en tal embrollo sin las debidas garantías.

Lo que definitivamente ha estado mal son las explicaciones dadas por tres representantes de nuestro Gobierno: la Ministra de Defensa Margarita Robles dijo que se trataba de una retirada temporal de la misión por razones técnicas; la Portavoz Isabel Cela lo atribuyó a la inconsistencia de la política de Trump y el Ministro de Exteriores Josep Borrell quitó hierro al asunto diciendo que no era para tanto.

Es posible que la sangre no llegue al río pero lo cierto es que nuestros desplantes ante los EEUU nunca nos salen gratis. Ahora nuestro aliado necesita 20 nuevas fragatas y los astilleros españoles podrían construirlos en una operación de muchos miles de millones de dólares que podrían volatilizarse. Recuerden que recientemente estuvimos a punto de perder un buen negocio con Arabia Saudí por el horrendo crimen cometido en la persona del periodista disidente saudí Khashoggi, crimen que al final tuvimos que tragarnos.

En esta ocasión no ha habido crímenes de por medio. Lo que si hay es una importante campaña electoral en nuestro país, una cierta política de la izquierda española respecto a los EEUU y el deseo de Sánchez de que nadie pueda tildarle de belicista ni de vasallo de Trump. Y mucho menos de permitir que Podemos pueda ponerse los laureles del antibelicismo y el antiamericanismo español.

PS. Esta columna está inspirada en la novela del mismo título de Patricia Highsmith llevada al cine por Wim Wenders. Les recomiendo tanto una como otra.

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