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- 14 febrero, 2018 -

Enrique Domínguez. Economista. Por fin Castellón de la Plana, después de once años de espera, aparece en los mapas de la alta velocidad, aunque,... No es AVE todo lo que se ve

Enrique Domínguez. Economista.

Por fin Castellón de la Plana, después de once años de espera, aparece en los mapas de la alta velocidad, aunque, en mi opinión, no es AVE todo lo que se dice que lo es.

Para algunos políticos (los del partido en el gobierno, claro) el lunes 22 de enero de 2018 ha sido una fecha clave para la única provincia de la Comunitat Valenciana que todavía no tenía el servicio ferroviario de la alta velocidad (del AVE para ellos); gracias a ellos, Castellón ya cuenta con la alta velocidad, que va a marcar un antes y un después para la provincia, que va a ser un factor imprescindible para el fomento del turismo, que a pesar de la crisis económica ellos buscaron la financiación para poder poner en marcha la llegada de la alta velocidad y aprobaron la instalación del tercer hilo (aunque no se dice por qué tuvieron que buscar debajo de las piedras esa financiación).

Ya queda lejos el sábado 18 de diciembre de 2010 en el que con un retraso de tres minutos llegó a la estación de Joaquín Sorolla el primer AVE Madrid-Valencia, sin paradas intermedias y alcanzando los trescientos kilómetros por hora y el 17 de junio de 2013 en el que llegó a la estación de Alicante con cuatro minutos de retraso. Curiosamente, el entonces presidente autonómico, Alberto Fabra, cerró su discurso haciendo referencia a la próxima inauguración en el año 2015 del AVE a Castellón.

Pero, ¿lo que ha llegado a Castellón de la Plana (y a la provincia porque el billete lleva incluida una extensión para utilizar sin coste la red de cercanías de la provincia; de momento, sólo hacia Valencia) es realmente el AVE? Y lo que es más importante para el conjunto de la Comunitat, ¿será un motor de dinamización y fomento de la actividad turística como lo ha sido para las provincias de Valencia y Alicante? ¿Vendrá el personal a conocer las fiestas de la Magdalena de la misma manera que van a Valencia o a Alicante a ver las fallas o las hogueras? Seguramente no, pero aquí el problema no es el medio de transporte sino el tener las fiestas un elemento diferencial que, realmente, atraiga al visitante potencial.

Y lo que ha llegado a Castellón es alta velocidad pero nunca AVE. ¿Y por qué? Porque Castellón es la única provincia de España en la que la alta velocidad no llega por su vía específica; porque, en Castellón solo pueden alcanzar los doscientos kilómetros por hora y en las restantes provincias  los 350 Kms/h; porque la vía por la que llega la alta velocidad es compartida con los trenes de cercanías, regionales,  de larga distancia y de mercancías; y porque va por una vía de ancho ibérico a la que se ha adaptado el tercer hilo que la convierte en ancho internacional (y el cambio de agujas en ese tercer hilo, de cierta complejidad técnica, es lo que ha hecho retrasarse 32 minutos al viaje inaugural y ser adelantado por un cercanías). Por todo eso para mí no es AVE, aunque su locomotora sí lo sea.

Para las otras dos provincias valencianas, el AVE, sí ha servido para dinamizar la actividad turística, para competir con el avión y para acercar ambas capitales y sus profesionales al centro del país. Y ello, teniendo en cuenta el elevado coste que supone la inversión en la alta velocidad, le permite decir al Informe de Fedea de 2015 que “en el corredor de AVE Madrid-Levante los ingresos cubren los costes variables, es decir, que es mejor seguir operándolo que dejar de hacerlo”.

¿Vamos a poder decir lo mismo de la alta velocidad a Castellón? ¿Somos conscientes de la gran relevancia para la Comunitat Valenciana de lo que diferentes entidades, la Generalitat y los propios empresarios están exigiendo desde hace bastante tiempo para vertebrar todo el eje del Mediterráneo, el Corredor?

Se habla de un AVE para viajeros y mercancías por vías específicas entre Valencia y Castellón (pero no de la necesidad del  nuevo túnel de Serrería) y de un estudio del trayecto entre Castellón y Tarragona con ancho internacional en las dos vías, que no es lo que necesita el auténtico corredor. Buenas palabras pero inversión poco útil para poner en funcionamiento el verdadero eje dinamizador de la economía regional.

Queda, pues, mucho por hacer; desde Castellón para que la alta velocidad tenga un impacto comparable al de Valencia y Alicante (aunque la relevancia de ese impacto, seguro, varía según quien sea el observador) y desde toda la Comunitat para que el Corredor del Mediterráneo sea lo que debe ser, el camino de conexión con Europa de una parte relevante de la actividad económica regional. No nos durmamos en los laureles y sigamos siendo, como mínimo, moscas cojoneras.

 

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