Sábado, 18 de agosto, 2018  |  

- 23 julio, 2018 -

Enrique Domínguez. Economista. Es curioso cómo se distorsiona la realidad cuando se oye a un político hablar de impuestos, bien sea de subidas o... ¿Ineficiencia recaudatoria?

Enrique Domínguez. Economista.

Es curioso cómo se distorsiona la realidad cuando se oye a un político hablar de impuestos, bien sea de subidas o bajadas de los ya existentes, bien de la creación de nuevas formas impositivas.

Creo que, en general, nos gusta poco pagar impuestos; queremos pagar lo mínimo pero, por el contrario, exigimos disponer de unos buenos servicios públicos de cualquier índole y de unas mejores infraestructuras. Seguimos, en general, disculpando al que se jacta de no pagar lo que dicen que le corresponde o de haber encontrado la fórmula de pagar menos. Alabamos la ingeniería financiera (por llamarla de una manera más fina) a la que algunos profesionales contribuyen.

Según un gran número de expertos fiscales, yo no lo soy, no es cierto que paguemos muchos impuestos. Nuestra presión fiscal es varios puntos inferior a la media europea y la menor recaudación viene influida en gran medida por la gran cantidad de deducciones, bonificaciones y exenciones. En el IRPF, el mayor volumen de paro pero también la precariedad y la temporalidad en el empleo, influyen en la menor recaudación, aunque los expertos achacan su baja recaudación a las deducciones, bonificaciones y exenciones que hay en el mismo; cada año “escapan” al fisco legalmente bastantes miles de millones de euros en este impuesto.

Por tanto, en mi modesta y no experta opinión, el problema básico está en la necesaria reforma del sistema fiscal a fin de conseguir unos conceptos impositivos adecuados a cada momento y con unos tipos que permitan que pague más quien más tenga (y no como ahora que paga menos quien es más listo, tiene más dinero o consigue mejores asesores).

Pero también es fundamental que cambiemos nuestro chip ante el tema fiscal. Que veamos el pago de impuestos como nuestra contribución al bien público pero, a renglón seguido, con la exigencia de una transparencia total y una gestión precisa. Para ello, el que todavía más de una quinta parte del PIB español sea el montante del fraude en España, no ayuda.

Por eso, ahora que el nuevo gobierno de España, tan legal como cualquier otro salido de las urnas, proponga actuar sobre algunos impuestos: sociedades, empresas tecnológicas, bancos, diesel y eliminar la posibilidad de nuevas amnistías fiscales, puede pensarse que va a servir de poco o que puede afectar negativamente a la marcha de la economía.

La aumento de recaudación que se pueda conseguir puede ser solo un parche, porque el problema de base es la necesaria reforma global de la fiscalidad (para la cual no se vislumbra el más mínimo consenso) y la reducción importante, quizás hasta los niveles de Alemania en torno al 10%, del fraude fiscal (para lo que es imprescindible un cambio de la opinión del ciudadano sobre el mismo; cuando más rápido, mejor).

Y falta también que de una manera inmediata se incorporen a la inspección un elevado número de personas que investiguen a los que realmente defraudan más.

Algunos medios hablan en sus titulares de subidas de impuestos sin  más; si tenemos en cuenta que un porcentaje elevado de lectores solamente se fija en los grandes titulares y no lee toda la noticia, al actuar así se está informando erróneamente; me temo que más de manera voluntaria que involuntaria. Un caso paradigmático es la mal llamada subida del impuesto de sociedades: se trata de que las grandes corporaciones, que apenas pagan el 5%, satisfagan el mismo porcentaje que ya está pagando la pequeña y mediana empresa.

El impuesto a la banca y el comentario de que, al final, lo repercutirán de una forma u otra a los clientes, puede ser cierto; por eso, deberían establecerse los controles necesarios para que les sea más difícil. Pero criticar su puesta en marcha por eso o pedir su no aplicación por si acaso lo trasladan, no es la solución.

¿La ineficiencia en la recaudación fiscal es solo atribuible al gobierno de turno o somos también los ciudadanos los que contribuimos de manera no desdeñable a la misma? ¿La alternativa es reducir impuestos o disminuir de manera relevante el fraude? ¿Qué opina usted?

Google+
Whatsapp Telegram

No hi ha comentaris per el moment

Escriu el primer comentari!

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *