Martes, 11 de agosto, 2020  |  

- 11 diciembre, 2019 -

Enrique Domínguez. Economista. Según parece, solamente nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Desde hace pocos años parece que nos damos cuenta que los... ¿Repoblar lo despoblado?

Enrique Domínguez. Economista.

Según parece, solamente nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Desde hace pocos años parece que nos damos cuenta que los pueblos, de los que muchos procedemos, siguen perdiendo habitantes; nos interesan por la tranquilidad, porque nos hacen olvidar el stress de las ciudades o porque nos hacen recordar la infancia.

Pero, cuando regresamos a las ciudades nos olvidamos de las personas que viven allí todo el año, de sus problemas, de sus necesidades. En las ciudades lo tenemos todo al alcance de la mano, allí no. Por si acaso, cuando nos desplazamos a cualquier localidad pequeña nos llevamos todo lo que consideramos imprescindible, por si acaso allí no lo encontramos; pero olvidamos que las personas que viven allí ese servicio que no encontramos el fin de semana ellos lo echan a faltar en bastantes ocasiones.

Nos hemos acostumbrado a ver los pueblos con nuestra mentalidad urbanita y no desde su punto de vista. Por eso queremos que las carreteras   de acceso sean buenas, que haya conectividad, que encontremos un cajero o una farmacia. Si eso no existe nos quejamos, pero nada más. Echamos la culpa al gobierno, sea el municipal, provincial, regional o estatal pero que no nos hablen de pagar más impuestos.

Y claro; si la persona que vive allí no tiene unos servicios que considera básicos, si sus hijos no tienen un colegio al que ir, si el médico va de uvas a peras, si no hay farmacia, si ya no tiene una oficina bancaria, si no tiene donde poder trabajar, si la agricultura es la que es, si… Al final se plantea trasladarse a esa ciudad que parece que todo lo tiene; incluso si sufre un grave problema de salud, la SAMU la tiene a la vuelta de la esquina.

Parece que el fenómeno de la despoblación de los municipios del interior de la provincia es reciente, de hace pocos años; y no es así. Nos falta mucha información estadística de los actuales 135 municipios castellonenses. Las estadísticas publican bastantes cifras distintas del conjunto de la provincia y de las principales localidades, pero muy pocas del resto de municipios. Pero sobre este tema escribiré más adelante.

Desde hace más de un siglo en la provincia de Castelló solamente crecen en habitantes unos pocos municipios, generalmente costeros salvo algunas excepciones; el resto ha ido perdiendo población. Y coincide este proceso con el predominio de la agricultura de regadío o secano. Habría que recordar el traslado en los años sesenta del pasado siglo de diferentes industrias textiles de Els Ports hacia la Plana. A modo de ejemplo, Castell de Cabres con 19 habitantes, según cifras oficiales al 1º de enero de 2018, tenía en el censo de 1900 una población de hecho de 416 personas.

Y ahora parece que es políticamente importante preocuparnos por esas personas que,  a pesar de todo, siguen residiendo en sus municipios o que han decidido regresar a sus lugares de origen o, últimamente, tienen a algunos de ellos como localidades dormitorio.

Pero es importante ver las posibles soluciones desde el punto de vista del residente allí y no de los urbanitas que vamos a descansar o a conocerlos porque puede pasar, como ha ocurrido recientemente, que se cierre una granja porque el cantar de las gallinas molestaban a los residentes en un hotel rural.

Se plantean diversas soluciones, hay ya programas en marcha pero, ¿hay voluntad por parte de todos de hacer frente a este viejo problema?

 

Google+
Whatsapp Telegram


No hi ha comentaris per el moment

Escriu el primer comentari!

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *