Martes, 24 de octubre, 2017  |  

- 2 octubre, 2017 -

Rafa Cerdá. Abogado. Ya se ha arrancado la hoja del temido calendario, y cargado de negros presagios, el domingo 1 de octubre cierra sus... Cabeza fría

Rafa Cerdá. Abogado.

Ya se ha arrancado la hoja del temido calendario, y cargado de negros presagios, el domingo 1 de octubre cierra sus puertas. Esta durísima jornada inaugurará un capítulo inédito de la Historia de España más reciente, dando paso a una nueva etapa política de complicadísima gestión. En el día de Cataluña no ha votado en un referéndum para ejercer su derecho de autodeterminación. Por mucho que el relato que pretenda construir sobre los acontecimientos vividos durante esta jornada por parte del bloque político favorable a la independencia, la sociedad catalana únicamente ha experimentado una gran movilización, lo que no es nada desdeñable.

Pero el factor básico es que no ha existido un referéndum, y esta circunstancia  es bien sabida por los autores del denominado ‘proceso’, por mucha retórica que gasten afirmando lo contrario. Venderán humo. Las garantías formales mínimas tales como un censo de población, puntos de votación bien identificados, papeletas y urnas homologados, campaña electoral previa donde se hayan contrastado las diferentes opciones en juego,… han brillado por su ausencia, y ninguno de estos elementales trámites que toda convocatoria electoral reúne en un país de nuestro entorno europeo, ha sido cumplido por los convocantes del amago de consulta.

Preparémonos para toneladas de opinión de todo tipo y condición. Unos gastarán hasta la extenuación la imagen represiva de un Gobierno que carga contra la población indefensa mediante represión policial, otros exprimirán un victimismo cargante e insolidario, los de más allá sacarán a pasear viejos discursos llenos de naftalina, y así hasta el infinito.

Este domingo 1 de octubre hemos asistido a  la movilización de cientos de miles de personas, simulando un proceso electoral que no ha resultado más que una gran manifestación. El descontento político, la desafección de una parte importante de la sociedad catalana hacia la idea de España, no debe ser ignorado por nadie. Y mucho menos usado para sacar rédito político en un claro uso partidista. Comienza un tiempo nuevo que exige alturas de mira, concordia, sentido común y mucha pero mucha, cabeza fría.

El futuro de España está en juego.

Google+

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *